CRÓNICAS DE UN REPORTERO POLICIACO
Por: René Martínez
El Güero Vaquero
Empezaba la década de los años ochentas…
Los asaltos bancarios eran un reto para las autoridades municipales y estatales…
En Monterrey, la policía municipal, sólo existía como custodios de las celdas de la cárcel municipal, en aquellos años ubicada por la avenida Venustiano Carranza, casi al cruce de la calle Espinoza.
Unas cuantas celdas que servían para trasladar a los ebrios que eran sorprendidos conduciendo automóviles, o conductores que eran llevados ahí por la entonces Policía Federal de Caminos como infractores mientras se desarrollaba su proceso legal.
Y eran unas cuantas celdas… y en ese lugar era donde cumplían su razón de ser los municipales… el resto de las necesidades de seguridad eran asistidas por elementos de la Policía Estatal que realizaban los rondines por las calles de la ciudad y hacían funciones de custodios en otros procesos legales entre sus funciones.
Poca atención se mostraba a los Bancos, pues era motivo de polémica esto, ya que, por tratarse de instituciones privadas, la ley no obligaba a las instituciones de los gobiernos ni estatal ni municipal ni federal, a proporcionarles la seguridad debida.
Entonces tenían que recurrir a la policía privada… Lo cual significaba otros retos, como el derecho a portar armas, la obligación de utilizar uniformes especiales, y el que fueran registrados todos los elementos que integraban estas corporaciones para poder identificarlos.
Este era el panorama de la seguridad pública que podía apreciarse en esos días… decenas de policías municipales, algunos cientos de policías estatales, y unos cuantos de seguridad bancaria privada.
Había que pensar…. para salvaguardar a una población que se contaba en esos años en millones de habitantes en el área urbana….
¿Como vigilar la seguridad de la población… prevenir el crimen, evitar los robos, y las riñas sobre todo en las zonas marginadas más alejadas del centro de la gran urbe?
Y la falta de armas…. no todos los oficiales que integraban los diferentes cuerpos de seguridad eran dotados del arma correspondiente para realizar sus funciones.
El gobierno estatal no contaba con armas suficientes para dotarlos, ni cortas ni largas… Y muchos de ellos tenían que conseguir su propia arma para realizar su trabajo.
Este era el panorama que el ciudadano normal no veía, pero que era un secreto a voces entre las corporaciones, falta de personal, falta de armas y falta de patrullas….
Y fue entonces cuando ocurrió el fenómeno ya desaparecido de nuestra sociedad, el asalto bancario.
Esporádicamente un banco era atracado la mayoría de las veces por grupos pequeños integrados por dos o tres delincuentes que operaban en bandas.
Y esto facilitaba las labores de investigación de las autoridades pues tarde que temprano una disputa entre los integrantes de la banda y pasaban dos cosas, o peleaban entre ellos y hacían uso de las armas y esto daba pié a que se iniciaran las investigaciones, o alguno de los integrantes de esta banda avisaba a la policía y delataba a todos.
Así eran desmanteladas estas bandas tarde que temprano sin que llegaran a ser un problema para la seguridad social pues no eran enemigos de la gente ni de la policía… atracaban el banco y tendían a desaparecer… o bien ocultándose en sus barrios, o desplazándose a otros estados de la república en su afán de eludir su responsabilidad legal y evitar la acción de la policía.
Por otra parte, no encontraban resistencia en el personal bancario…No había vigilantes armados dentro de las instituciones privadas, solo el personal de cajas, el gerente y algunos otros administrativos.
Fue entonces cuando hubo algo que varió este tipo de delitos en las instituciones bancarias…
De la noche a la mañana, apareció y rápidamente llamó la atención tanto de la policía como de la sociedad regiomontana por su proceder.
Llegaba solo al banco, poco después de la hora en que abrían la institución, se acercaba a una de las cajeras y empuñando una pequeña pistola amagaba a la joven pidiéndole que le entregara el dinero de las cajas.
Una vez con el dinero depositado en una bolsa de papel, salía tranquilamente del banco caminando y alejándose de la sucursal para perderse entre la gente del centro de la ciudad.
Nunca los testigos presenciales de los atracos lo vieron abordar vehículo alguno para huir.
simplemente se alejaba caminando y se perdía de su vista.
Los agentes comisionados para investigar los hurtos bancarios realizaron las primeras investigaciones y la elaboración de un retrato hablado con sus características fisiológicas según el relato de los testigos.
El dibujo se distribuyó a los diversos medios de comunicación esperando que alguien pudiera identificarlo.
Sin embargo, esto nunca ocurrió. y esta vez los policías que investigaban el caso encontraron otra dificultad: el ladrón bancario operaba aparentemente solo.
Poco a poco la realidad que ahora enfrentaban los investigadores se fue delineando… el solitario ladrón parecía saber cuándo había más cantidad de dinero en las sucursales bancarias.
Un día antes de las fechas señaladas por la mayoría de las empresas para pagar a sus trabajadores.
Pero su modo de operar fue quedando claro poco a poco…. cada semana atracaba un banco y siempre una sucursal bancaria diferente.
De esta forma era impredecible su actuar.
¿De qué servía vigiar una, o diez instituciones?… Además, ya contaban con seguros contra robos en los bancos así que a pesar de que las cantidades de dinero robadas fueran altas, el gerente no se preocupaba pues el seguro le regresaría el dinero a la institución así que preferían entregar el dinero sin oponer resistencia y dejar ir al ladrón en lugar de arriesgar a los empleados bancarios a sufrir alguna agresión.
Y efectuaba metódicamente los asaltos…. sin realizar un solo disparo y sin que hubiera personas heridas o muertas a lo largo de su carrera delictiva.
Lo que lo hizo famoso, fue tanto el arma que utilizaba como su forma de vestir en cada atraco que realizaba.
Una pequeña pistola calibre .25, era el arma y siempre vestía una camiseta blanca y un pantalón de mezclilla azul como los usados por los vaqueros en las películas de Hollywood.
Era descrito como un joven de aproximadamente 24 o 25 años, de tez blanca y cabello muy claro y estas características y la ropa que usaba le valieron el mote por parte de los medios de «El Güero vaquero» o bien «Calibre 25».
Pronto se hizo famoso.
Y todos los esfuerzos que realizaron los policías por lograr su captura eran infructuosos, mientras que implacable en su proceder, un día antes de la fecha de pago en las empresas, atracaba una sucursal bancaria diferente.
Los asaltos se fueron acumulando y la cifra que lograba en cada atraco elevaba el monto total de su botín particular.
Nunca disparó el arma que llevaba contra ninguna persona, solo la usaba para amagar a las cajeras durante el atraco y salir de las instituciones desaparecía.
«El güero vaquero» no fallaba…. sabía cuál sucursal bancaria asaltar y como desaparecer del lugar antes de la llegada de los policías.
Llegó a cometer sus asaltos durante meses en toda el área metropolitana impunemente.
Era una burla para las instituciones de policía el saber que en esa fecha ocurriría un atraco y no poder evitarlo de forma alguna.
Y luego de mucho tiempo de efectuarse estos delitos los asaltos a los bancos cesaron.
El famoso ladrón que ya era toda una celebridad en los corrillos policiales dejó de operar sin aviso alguno, y sin que se supiera el porqué.
Ya no más asaltos por el joven vestido con pantalones de mezclilla…. nunca volvió a operar, ni tampoco fue identificado por los investigadores.
El «Güero vaquero» había desaparecido, quedando su identidad en un misterio al igual que su paradero.
Y junto con él también desaparecieron los asaltos a instituciones que eran efectuados un día antes del día de pago a los trabajadores.
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