julio 23, 2024 2:09 pm
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CRONICAS DE UN REPORTERO POLICIACO

¿FRENTE A PALACIO DE GOBIERNO?

Por: Rene Martinez

Era uno de esos días…

El jefe inmediato que recibía mis notas en el periódico se había molestado sin razón alguna, más bien dicho, por incomodarme a mí, protestaba cualquier cosa, ¡llegué al punto de que al verlo protestar las fotos sin motivo alguno le puse sobre el escritorio la cámara y le dije a la noche vas conmigo al turno para que me enseñes como lo haces tú!

Guardó silencio, luego dijo ese es tu trabajo, a lo cual conteste: -“Y lo hago todos los días y se hacerlo pero el que no sabe evaluarlo eres tú”.

Y luego sonreí, pero ya había aprendido a molestarlo yo también y le dije, “total, voy a almorzar y al rato te escribo las notas del día”.

Pude ver su cara de sorpresa, no supo que contestar, me pagaban por escribir, no por hacerlo rápido y menos por aguantar sus berrinches sin razón alguna, pues no había motivo.

Yo entendía, trataba sólo de molestarme a como diera lugar pues estaba enojado cuando la empresa corrió al reportero que era su compañero de parranda y me contrataron en su lugar.

Así que estaba enojado conmigo y todo lo protestaba. Me daba risa, pero me la aguantaba para que creyera que me estaba molestando y como era un hombre nervioso, yo me salía a un restaurante que estaba afuera de la empresa. caminaba media cuadra por la calle Washington daba vuelta al norte y cruzaba la calle Zaragoza para entrar al restaurante.

Ordenaba un almuerzo a mi placer y un café y me disponía a desayunar tranquilamente mientras el jefe se desesperaba pues si no tenía mis noticias redactadas, no tenía nada que hacer.

A los pocos minutos entró al lugar mi compañero de trabajo, una gran persona, un hombre mayor Don José Prieto, y se sentó a un lado mío, en silencio para dejarme almorzar.

Era el tradicional restaurante llamado “El Nuevo Brasil” donde preparaban los almuerzos con sabor de comida casera lo cual nos llamaba mucho la atención a todos los clientes.

Ya cuando estábamos los dos tomando un café y me dijo: “Compréndelo, se pone nervioso, vamos de regreso a la redacción y te pones a escribir”.

Yo apreciaba mucho a ese hombre, era un gran amigo y tenía una plática divertida, siempre andaba alegre y buscando el motivo para burlarse de la vida.

Lo estaba escuchando, cuando vi pasar con rumbo al sur una patrulla de la entonces llamada “Policía Judicial” a toda velocidad, y de inmediato reconocí a los agentes, que eran del grupo de investigaciones de homicidios, salí a toda prisa pude percibir algo, no respetaron la luz del semáforo y dieron vuelta frente al edificio del Palacio de Gobierno, pero a media plaza no por la calle que estaba a una cuadra de distancia.

El fotógrafo me vio en silencio, era un hombre de avanzada edad… Yo había observado algo, a pesar de la prisa y la brusca maniobra que realizó la patrulla tripulada por los agentes, no llevaba encendida la sirena, ni la torreta flotante de “burbuja” como la llamaban.

Era una maniobra silenciosa. Me llevé la mano a la cintura buscando mi cámara y recordé que la había dejado en el cuarto piso en el laboratorio para que revelaran el rollo en blanco y negro de las fotos de sucesos que había tomado durante el turno nocturno.

Corrí al periódico entre a toda prisa y subí la escalera hasta llegar al laboratorio pidiendo mi cámara y al tiempo que ponía el rollo de película me dirigí a todo correr a la Macroplaza que era la novedad de la ciudad entonces, pues había viso a la patrulla entrar frente a palacio.

Cuando llegué vi a un auto de un particular con un hombre en su interior desplomado sobre el volante, a poca distancia estaban los agentes de homicidios apenas bajando de la patrulla.

Sin decir nada, me fui acercando y entonces pude apreciar cuando los agentes abrían una puerta del auto estacionado donde estaba el hombre desplomado y sacaban algo que me pareció un papel de escribir y otra cosa. Principié a tomar fotos a toda prisa, en esos momentos llegó una grúa, aseguró el auto con cadenas y se lo llevaron, lo cual ocurrió frente a mí.

Yo estaba centrando mi atención en el hombre del auto y tomando fotos y alcance a tomar varias de su rostro cuando la grúa lo arrastró y lo retiró del lugar a toda prisa.

Surgieron muchas interrogantes en mí, mientras caminaba hacia el periódico y luego de atravesar la puerta principal subí al laboratorio, esta vez usando el elevador y entregué de nuevo la cámara para que el laboratorista, de nombre Martín, procediera a revelar el rollo y hacer las fotos para publicarse.

No sabía en realidad que había pasado, pero en mi mente recreaba las imágenes tratando de establecer lo ocurrido para escribir la historia y pude recordar.

Lo primero que sacaron los agentes policiales fue un arma, pero yo estaba aún bastante lejos para tomar la fotografía, pero indudablemente era una pistola.

Luego fue el papel blanco, y entonces llegó una ambulancia que recogió el cadáver a toda prisa y sin miramiento alguno mientras la grúa aseguraba el auto para llevárselo.

Surgieron muchas dudas en mi… ¿Qué había pasado? ¿quién era ese hombre? ¿por qué metió su auto y lo estacionó frente al palacio de gobierno del Estado?  ¿Por qué llegó la patrulla en silencio? y sin torretas, ¿por qué no hizo presencia el agente del Ministerio Público para dar fe del cadáver y ordenar su traslado al anfiteatro?

En eso iba pensando al bajar las escaleras desde el laboratorio buscando mi escritorio para redactar la noticia en la cual tenía más interrogantes que datos.

Al comandante de turno de homicidios de la policía, ni siquiera podía localizarlo por teléfono, era evidente que no quería hablar.

Hubiera sido bueno que lo hiciera, pero no, no estaba localizable lo que era entendible. No hablaría, mi rostro esbozó una sonrisa. ¿Quién lo necesitaba?… ¡Yo no! Ni sus declaraciones, Yo sabía lo que había visto y eso me bastaba para escribir la noticia de lo ocurrido.

Cuando estuvieron listas las fotos y me las entregaron, de una de las gráficas pude obtener las letras y números de la placa del auto, lo cual serviría por la tarde para identificar al dueño, pero no por ahora.

Pensaba en varias opciones “Hombre se suicida en la Macroplaza” o bien, “Se suicida frente a Palacio de Gobierno”, ésos podrían ser los encabezados de la primera página del periódico El Sol, para el cual yo laboraba y cuya edición aparecía antes del mediodía.

¿Cuál era la identidad del hombre? nadie me iba a decir, así que, viendo las fotografías, escribí la historia con los datos que tenía.

Luego de escribir la noticia, reflexioné en algo. No había otros periodistas pues la rápida maniobra de los agentes evitó que llegaran compañeros de otros medios.

Me sentí satisfecho. ¡Las fotos y la noticia eran exclusivas! Y eso era lo que molestaba a mi jefe. Las exclusivas eran constantes y no podía encontrar falla alguna en mi trabajo.

Esto elevaba las ventas del periódico y mi trabajo era un éxito. Eso lo molestaba.

Sin embargo, sabía valorar y aquilatar mis esfuerzos, y publicaba todo en orden lo cual hacía brillar más mi diaria labor en comparación con la de los periódicos rivales en aquellos años: “El tiempo” y “El Extra”.

Esperé hasta el momento en que el periódico salía a la venta buscando aún más datos que pudiera agregar a la información, pero no había por el momento nada.

Salí entonces del edificio de la empresa, mi turno había concluido y fue hasta entonces que me acordé que ni siquiera había terminado de almorzar bien y me dirigí de nuevo al restaurant “El Brasil” para ordenar la comida del día y luego proceder a buscar transporte a mi casa y descansar.

Por la tarde vi los noticieros de la televisión, pero ni siquiera se mencionaba ese acontecimiento sucedido frente al Palacio, y pensé que era obvio pues no contaban con imágenes de video para ilustrar la noticia.

Descansé tranquilamente en casa. Y al otro día luego de cubrir la información de la noche y llegar al periódico a escribir, otros compañeros de la sección de información local querían hablar conmigo.

Buscaban más datos de lo ocurrido frente al palacio, pero yo no tenía nada.

¿Qué había pasado? que uno de los directivos del periódico había sido invitado días antes a una boda, se casaba la hija del gobernador, que era entonces Don Alfonso Martínez Domínguez.

Por esos días, este directivo, había acudido como invitado a la boda, de lo cual yo ni siquiera estaba enterado, pero gracias a eso, luego del hecho registrado frente al palacio, pudo identificar plenamente al hombre muerto al ver las fotografías que yo había tomado.

El hombre que se privó de la vida, era el consuegro del gobernador.  El periódico matutino ya traía el nombre gracias a mis fotos y la identificación que se hizo del cadáver ante el aparatoso suceso del cual solo nuestra empresa editorial tenía las fotos y los datos convirtiendo la terrible e importante noticia en una exclusiva muy destacada pues nadie de otros medios tenía la información.

No me felicitaron por haber tomado las fotos, pero yo estaba satisfecho no por quien era el hombre sino por la exclusividad de la información que otra vez había logrado.

Terminé de escribir las notas del día que entregué al jefe de redacción y esperé la guardia correspondiente y al ver que la maquinaria de la rotativa imprimía ya el periódico procedí a dirigirme a comer y luego a mi casa,

Ocupaba descansar. Y nada como mi familia y mi casa.

Comentarios a rmart57@Gmail.com

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