CRÓNICAS DE UN REPORTERO POLICIACO
EL PIFAS
Por: Rene Martínez
Era un hombre de aproximadamente 35 años cuando dejé de verlo….
Ni siquiera era trabajador formal de la cárcel municipal de Monterrey, que por cierto la Policía Municipal consistía en un puñado de plazas no se requerían más en aquellos años, la primera década de los ochentas pues los lugares de vigilancia al ser la ciudad Capital del Estado eran ocupados por oficiales que pertenecían a la corporación estatal donde los había por cientos.
Pero solo contemplaba las plazas de uniformados y muchas veces las posiciones administrativas como el caso del personal de aseo eran ocupadas por «voluntarios».
Este era precisamente el caso de «El Pifas» encargado de la limpieza de celdas que hacía religiosamente su trabajo durante las primeras horas de la mañana cuando era visto merodeando por el edificio con sus artículos de limpieza en mano o bien en el puesto más cercano de tacos los cuales compraba por varias órdenes según los pedidos que tuviera de las gentes que se hallaban detenidas por alguna razón.
Era el mandadero «oficial» de la cárcel municipal de aquellos años que sin embargo no contaba con plaza alguna pues sobrevivía de las dádivas que le daban los detenidos a cambio de traer la respectiva orden de tacos, y la soda que conseguía en vaso de papel en aquel entonces pues nunca entraban envases de vidrio a celdas o bien un jugo empacado en plástico o cartón.
Siempre estaba de mal humor, cuando alguien lo saludaba contestaba con un gruñido que más semejaba al ruido producido por algún animal que un sonido humano y nunca platicaba con alguien.
Era de piel muy morena, pelo negro ensortijado y apenas rebasaba el metro y medio su estatura y algo llamaba la atención en su vestimenta; por alguna razón, quizá por el reglamento de policía, siempre su ropa era color café claro y zapatos de cintas color negro, muy limpios pero muy desgastados al igual que su ropaje.
Antes y después del cambio de guardia, que se llevaba a cabo alrededor de las siete de la mañana, siempre se le podía ver barriendo la banqueta del edificio de la corporación cuyas instalaciones ocupaban un edificio por la calle Venustiano Carranza en la manzana ubicada en la calle Espinoza, donde en una esquina se hallaba ubicado el edificio sede de la Policía Judicial del Estado, en seguida la corporación municipal al centro y en la otra esquina del frente de la calle Venustiano, se hallaba el local ocupado por la cruz verde.
«Pifas» no descansaba ni los domingos.
Tampoco hacía fila para recibir cheque alguno ni tenía esperanzas de ser jubilado.
No platicaba con alguien, ni le conocí amigo alguno, durante los muchos años que me crucé en su camino al realizar mis recorridos de trabajo.
La mayor parte de los días de la semana las celdas estaban vacías lo cual le facilitaba el trabajo.
Los fines de semana, había un puñado de personas detenidas casi todos a disposición de la agencia del Ministerio Público Federal pues se trataba de conductores detenidos por la entonces llamada Policía Federal de Caminos cuyos oficiales los ingresaban en celdas a disposición de las autoridades competentes según su responsabilidad legal o delito.
Sin embargo, su detención duraba poco tiempo pues se resolvía rápido su situación jurídica en los tribunales y eran enviados al penal del Estado a cumplir sentencia o recuperaban su libertad al cumplir con la sanción impuesta.
Entonces los fines de semana era cuando más trabajo tenía el barrendero, haciendo los mandados a los detenidos o sus familiares y aseando varias veces al día las celdas.
No le conocí familiares, tampoco nadie le vio abandonar el área de las celdas municipales para dirigirse a casa al terminar un turno.
Llegué a pensar que tenía acondicionada una celda para vivir y lo hacía dentro de la cárcel municipal, pues las veinticuatro horas del día era visto realizando su trabajo.
Pero como no hablaba con nadie, nunca nadie le preguntó nada. Pasaban los directores uno a otro conforme cada trienio de gobierno municipal transcurría y «el Pifas» continuaba en su sitio, barriendo la banqueta todos los días por las mañanas y por las tardes también sin que llamara la atención de nadie y por décadas formó parte de aquel paisaje carcelario.
Sin embargo, hubo una administración con otras ideas y que se dio cuenta que tanto las instalaciones de la entonces llamada «Policía Judicial» como la municipal se hallaban ubicadas en el centro de la ciudad y fueron removidas las dos corporaciones del centro de la ciudad y dejaron de estar frente a una primaria y una escuela para maestros como lo era la Normal Superior.
Se crearon edificios para ambas corporaciones y el nuevo edificio de la Policía Judicial quedó ubicado en las proximidades de un panteón. en una de las orillas de la ciudad.
La policía municipal fue ubicada un poco más lejos, en una zona considerada industrial, en terrenos municipales donde primeramente se ubicó un parque al que se llamó «Alamey» que fue un rotundo fracaso pues nadie lo visitaba por lo lejos que estaba del centro de la ciudad y a un lado de esta supuesta zona de diversión familiar fue erigido el edificio que sería sede para los municipales y desde entonces hasta los periodistas dejaron de ir al lugar pues estaba demasiado lejos del centro de la zona urbana y sus oficiales nunca realizaban detenciones importantes o tenían intervención alguna en casos que fueran de importancia noticiosa.
Poco a poco, todos se fueron olvidando de ella y lentamente pasó al olvido en la memoria popular.
Hasta la fecha las acciones o la utilidad de dicha corporación se desconocen por parte de la ciudadanía y tal vez sus miembros aún figuran en la nómina del municipio de Monterrey.
Con el cambio de sede de la Policía Municipal, la presencia del «Pifas» desapareció de las calles donde era visto a diario merodeando, Espinoza y Venustiano Carranza y al menos en lo personal, nunca supe de su paradero y lo que le ocurrió al desaparecer del centro de la ciudad el único lugar que había tenido por trabajo.
Nadie de mis conocidos supo qué pasó con ese hombre que solo quedó en el recuerdo de aquellas personas detenidas y ex oficiales de policía Municipal a quienes solía hacer los mandados.












