LAS MENTIRAS DEL DIRECTOR DE LA POLICIA JUDICIAL
Crónicas policiacas
Por: Rene Martínez
Un reportero, que haga su trabajo, se acostumbra a la mentira sistemática. En el caso del periodista de nota roja es lo primero que aprende a los primeros días de hacer su trabajo.
En el caso de los detenidos acusados de algún delito, todos dicen ser inocentes, sin saber que la policía ya ha mostrado a los periodistas sus antecedentes penales, es decir, su historial de los delitos que ha cometido anteriormente y si es posible, en el caso de los ladrones, hasta los objetos robados que le fueron incautados, y en algunos casos, hasta las víctimas que lo señalan como el autor de los hechos que le imputan, y pese a esto, niegan los hechos pensando que de alguna manera saldrán declarados inocentes en el proceso y de esta clase de personas están llenas las penitenciarías. Y muchos se acostumbran a mentir, alegan haber incurrido en una falta menor y que les imputaron los delitos.
«Yo solo cometí un robo y me achacan diez» es uno de los argumentos que utilizan y que frecuentemente eran procedimientos que durante años utilizó la policía investigadora.
Total, eso lo resuelve el buen periodista con el simple procedimiento de acudir al lugar de los hechos y realizar una investigación personal que, finalmente, podrá aclarar los casos; pero como son muchos los que se presentan a diario, es fácil que se cometa un error.
Sin embargo, en décadas de realizar este trabajo, no puedo describir el proceder de uno de los jefes de la entonces Policía Judicial del Estado como enfermizo, pernicioso y altamente perjudicial para la sociedad, pese a lo cual tuvo el nombramiento de diversos cargos directivos ante la falta de mandos policiales elegibles como buenos candidatos para ser titulares de las corporaciones militares.
Tradicionalmente en el Estado, antes de que existieran las academias de policía oficiales como hoy, se nombraba para el cargo de director a un militar retirado, como es el caso del Coronel Ernesto Landin Mijares, o a un abogado destacado como es el caso del Licenciado Fernando Garza Guzmán o el abogado Fernando Torre Cueva.
Sin embargo, apareció como director de la Policía de San Nicolás durante una administración Panista el psicólogo Hernán Guajardo como titular de la Policía Municipal.
Cada vez que creía hacer algo llamaba a los periódicos exigiendo la cobertura periodística para los «triunfos» de sus oficiales, logrando a veces que eso se hiciera, y luego exigió un reportero que a diario fuera comisionado a pasar toda la noche cubriendo las actividades de la policía en dicho municipio.
Claro que no, las noticias principales brotaban de la Policía Judicial, que informaba de lo que ocurría en todo el Estado y realizaba la detención de los principales delincuentes, al igual que la Policía Estatal uniformada.
San Nicolás estuvo siempre caracterizado por un bajo índice de los delitos cometidos en cada municipio y por ende era un lugar donde no había muchas detenciones importantes.
Éramos entonces un reportero de policía por medio, y yo no podía destinar mi tiempo a la cobertura de ese municipio ya que era más importante recabar información de la Cruz Roja de Monterrey y de la Policía Judicial, donde estaban los sucesos noticiosos importantes, no en San Nicolás donde casi nunca pasaba nada.
Sin embargo, se las ingeniaba para invitar a los periodistas y en una ocasión llegó hasta a vestirlos de policías y hacerlos participar en una redada sin ninguna preparación previa para que «sintieran lo que siente un policía durante una acción de reacción»
Muchos cayeron en su trampa publicitaria y accedieron, en aquel entonces, a sus peticiones. Ese no era mi caso, yo solamente lo ignoraba.
Tras cumplir tres años en San Nicolás, apareció como director de la Policía en San Pedro Garza García exigiendo lo mismo, cosa que opté por ignorar, sin que pasara nada mientras que los mismos periodistas que lo seguían lo hicieron en San Pedro.
Y de repente en un cambio de sexenio de gobierno apareció como director de la Policía Judicial y para entonces, ya me odiaba.
Cuando había información importante, en lugar de informar a los reporteros encargados de eso, enviaba el informe a la dirección de la empresa para forzar a que se publicara su versión, y en lo personal no le funcionó, pues había algo con que no contaba el funcionario y es que yo acudía al lugar de los hechos y no me limitaba a transcribir la información de los partes policiales como otros hacían.
Muchas veces eche por tierra sus informes, hasta con fotografías que contradecían su decir. Y no entendía, ni lo hare, el origen de sus procedimientos y nunca los aprobaré.
Hoy citaré algunos de los casos más relevantes de sus mentiras y hasta incriminación de inocentes en delitos que me sorprendieron en su momento.
En aquellos años, en ciudad Guadalupe, apareció en el interior de un estudio fotográfico, el cadáver de una joven mujer dentro del lugar, y esto ocurrió a medianoche cerca del cierre de la edición por lo cual me fue imposible ir al lugar.
Su cuerpo estaba desnudo sobre el piso y la habían ahorcado utilizando un cable de teléfono que había en el lugar, como arma para sujetar su cuello hasta asfixiarla.
Hernán Guajardo, el director de la policía Judicial en ese momento, citó a todos los periodistas para exhibir al indiciado del crimen, según sus investigaciones. Un joven de nombre Alan del cual proporcionó hasta fotografías a los periodistas para que las difundieran, acusándolo de ser el autor del crimen,
El joven se hallaba fuera de la ciudad en el momento en que fue acusado.
Todos lo publicaron. Pero días después, el novio de la joven asesinada se presentó amparado a declarar y accedió a ser entrevistado por los periodistas.
El día del crimen de la joven, se hallaba fuera de la ciudad por razones de trabajo y lo demostró con boletos de pasaje comprados a su nombre de ida y de vuelta y con testigos ante la fiscalía investigadora.
El joven era inocente.
Hernán, en una rueda de prensa de las que acostumbraba, describió a los periodistas la forma en que la joven fue despojada de sus ropas y luego ah0rc4d4, según el director, al momento que la vi0l4b4n, describió hasta las sensaciones que sintió el presunto asesino en esos momentos. Y yo me preguntaba: ¿cómo sabía eso, si el inculpado estaba libre en esos momentos?
Además, la ropa de la joven no le fue arrancada, sino que fue hallada doblada cuidadosamente sobre una silla, dentro del estudio, lo que se apreciaba en las fotos y que, para mí, era un indicador de que ella se quitó la ropa voluntariamente y accedió a tener una relación corporal con el sujeto, que luego la ah0rcó.
No eran lógicas, ni congruentes las cosas que relataba de una manera enfermiza y hasta con algo de psicopatía. Y sin embargo, así se publicaba. Llegó al punto de prohibirme la entrada a su oficina y hasta a la de la Policía Judicial.
No me interesaba lo que dijera, antes de que sus agentes llegaran hasta donde estaba un c4dáv3r, yo llegaba primero en una ambulancia de la Cruz Roja y hacía mi trabajo de investigación en el lugar de los hechos. je je je
¿Para qué me servía un parte policial lleno de mentiras?
El director de la Policía Judicial había recibido un curso de explosivos en Francia, como parte de su capacitación, y los primeros días de su gestión apareció la primera noticia dada a conocer por el mismo: Un artefacto expl0siv0 había sido detonado en el interior de un cine en Monterrey, el denominado “Chaplin», ubicado cerca de la colonia Obrera.
Yo fui al lugar y tomé algunas fotos antes de la llegada de los agentes. Efectivamente, había habido una expl0sión en el interior.
Sobre el piso del lugar, donde hubo el est4llid0, hallé pequeños trozos de papel periódico, algunos acusando la quemadura que ocasiona la pólvora.
Claro que se le puede llamar «artefacto expl0siv0» a un cuete de los denominados «Palomas» que se venden hasta el en los mercados (je je je). En el lugar, no había ningún impacto de perdigones o restos de aluminio o fierro, como debiera haber si se tratase de un artefacto. Y, sin embargo, los periodistas que no fueron al lugar, publicaron su versión.
Por aquellos años, un radiotécnico que acostumbraba embriagarse en un bar cercano a las oficinas de la Policía Judicial, ya ebrio, le comentó al cantinero que era muy fácil hacer un circuito electrónico para hacer detonar una b0mb4.
El cantinero se lo contó a un policía Judicial y pronto lo detuvieron y presentaron como autor de atentados explosivos en la ciudad.
La cosa es que: ¿Cuáles atentados?, ¿cuáles explosivos?, ¿De qué se le acusaba?
Sin embargo, ante los graves cargos en su contra, fue consignado al penal y acusado por la fiscalía. Dentro del proceso, quedó libre por falta de pruebas.
No había nada en su contra, solo el dicho de los investigadores de la policía Judicial. El joven acusado era apodado «El águila».
Hernán Guajardo, nunca reconoció públicamente su inocencia y evadió hablar sobre el tema.
Dentro de sus fantasías, se veía como candidato al puesto de «Director de Seguridad Nacional», para el que por supuesto nunca estuvo ni siquiera considerado.
En otra ocasión, en el caso en que se vio implicado un maestro del Tecnológico, Hernán citó a todos los periodistas a una rueda de prensa para demostrar que la institución era una escuela para formar profesionistas h0m0s3xu4l3s.
Me negué a ir al evento y a difundir sus estupid3c3s.
Le propuse al jefe inmediato que fuera en mi lugar a cubrir y fue para verlo regresar del evento todo consternado por lo que ahí escucho. Y solo se limitó a escribir que la Policía Judicial investigaba el caso.
Yo renuncié a mi trabajo, cambié de periódico y me dediqué a cubrir información deportiva (je je je)
Hernán cumplió su gestión y desapareció como funcionario público y nunca más volvió a ejercer un cargo. Yo pude regresar a mis coberturas habituales sin problema alguno, hasta que me llegó el tiempo de retirarme y vivir en paz.
¿Cuántos inocentes metió al penal? ¿Cuántos falsos resultados aparecen en sus investigaciones hechas durante seis años? ¿Por qué dejó de ser jefe policiaco? las preguntas quedaron en el aire….
FOTO: Redes Sociales











