abril 15, 2026 10:05 pm
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CRONICAS DE UN REPORTERO POLICIACO

CRONICAS DE UN REPORTERO POLICIACO

EL CINTO

Por René Martínez González

Un día tranquilo.

Eso había sido para todos y para poco habían servido las horas de vigilancia a la actividad policíaca del día; en aquel transcurso de mi turno como periodista no había ocurrido nada de importancia en la ciudad que pudiera convertirse en noticia.

Ya eran las 19:00 horas, exactamente el horario del cambio de turno de la policía en el cual los oficiales que habían cumplido la vigilancia de doce horas eran sustituidos por otros que ya se aprestaban a entrar en servicio durante el turno de noche y hacían acto de presencia en el cuartel para el cambio de horario correspondiente.

El edificio de la policía estatal donde ocurría a diario la concentración de uniformados se hallaba ubicado sobre la calle Venustiano Carranza casi al cruce con avenida Constitución.

A esa hora yo acudía también al edificio a la oficina de control de operaciones de la policía para tomar nota de los datos del parte informativo que se le entregaba al director sobre las actividades de los uniformados durante las últimas doce horas.

Para entonces, ya traía yo mis propios datos, pero me gustaba examinar el parte, para añadir algo que pudiera haberse escapado a mi observación sobre un hecho noticioso y además comprobar la información que entonces era la versión oficial de lo ocurrido, cosa para mi muy importante pues daba en claro la postura oficial de las autoridades cosa que no se podía ignorar al ventilar las noticias en el periódico.

En esos momentos también se realizaba el cambio de choferes en las patrullas por lo cual el edificio era rodeado por los vehículos en tanto unos oficiales entregaban a otro la patrulla correspondiente.

Al terminar de tomar la información caminaba por la calle Venustiano Carranza hasta llegar a la parada del camión urbano para dirigirme al periódico a escribir.

Esto era a diario, pero algunas veces apenas daba unos pasos y el oficial destinado a vigilar la zona centro se ofrecía a llevarme en la patrulla hasta las oficinas del periódico pues estaba dentro de su rutina la vigilancia del sector a lo cual yo accedía pues tenía mucha confianza en algunos oficiales luego de años de convivir con ellos a diario en sus labores.

Ese fue uno de esos días en que un oficial se ofreció a llevarme y claro que abordé la patrulla en donde el conductor y otro oficial como ordenanza.

La unidad policiaca enfiló entonces por la calle Venustiano Carranza en dirección hacia el Norte para dirigirse hacia el sector centro de la ciudad, pero apenas había avanzado a poca velocidad unos cuantos metros y el policía que la manejaba se vio obligado a frenar bruscamente.

¿Qué había pasado?, Ocurrió que a poca distancia del frente de la patrulla y de entre dos carros estacionados salió corriendo un niño de alrededor de cuatro años, tropezó y cayó casi al frente de la patrulla y de no haber accionado el sistema de frenos, el menor hubiera sido atropellado sin duda.

Yo fui testigo de todo y de inmediato junto con el otro oficial apenas tratábamos de bajarnos del vehículo para ver el estado del pequeño cuando vimos salir tras él a un hombre de mediana edad de aproximadamente cuarenta años.

No podíamos creer lo que veíamos, el hombre llevaba un cinto en la mano, y lo usó contra el menor a manera de látigo golpeándolo varias veces en el cuerpo al momento en que el niño gritaba y lloraba.

Lo más rápido que fue posible los dos oficiales bajaron de la patrulla, y sometieron al hombre que fue despojado del cinto y esposado luego de lo cual lo subieron a la parte de atrás de la patrulla en calidad de detenido.

El niño, fue subido a la cabina de la unidad, al frente mientras un oficial trataba de tranquilizarlo y procedieron a regresar al edificio de la policía.

De todo esto había logrado tomar fotografías y me causaba sorpresa lo ocurrido en plena calle y que estuvo a punto de ocasionar un accidente mayor.

Como la rutina lo exigía el hombre en calidad de detenido fue conducido ante el juez calificador para que le impusiera la sanción correspondiente.

Yo esperé a que transcurrieran los actos legales y antes de que lo condujeran al interior de las celdas decidí interrogarlo y le pregunté a boca de jarro: ¿Qué pasa?

Su respuesta fue a gritos, que los oficiales de policía estaban interviniendo ilegalmente en su vida privada, que el niño era su hijo, y que podía hacer con el menor lo que quisiera y que no debían detenerlo, que estaba siendo víctima de un abuso policiaco y que exigía que de inmediato lo pusieran en libertad pues acusaría a los policías para que se les aplicase todo el peso de la ley por los abusos cometidos.

Luego lo condujeron a celdas.

Entonces le pregunté al Juez Calificador cual era la situación del hombre a lo cual me respondió: «Es muy complicada, enfrenta varios delitos, los policías que lo detuvieron fueron testigos estaba golpeando al niño con un cinto, el niño tiene cuatro años cumplidos, pero no sólo es eso, ya que en la espalda el pequeño presenta cicatrices de lesiones similares antiguas además de las recientes que le infirió el cinto o sea que esto ya había ocurrido en varias ocasiones antes.

Los delitos son: lesiones, lesiones que dejan cicatriz perpetua, tortura, por tratarse de hechos repetidos, malos tratos a infante y como se presentó la madre del pequeño y también lo acusó de golpes y de obligarla por la fuerza a sostener relaciones con ella cuando ella no lo deseaba hay también el cargo por violación y otros delitos como el maltrato familiar».

«Le esperan al tipo muchos años en el penal antes de que pueda recuperar su libertad». Y luego guardó silencio.

Yo procedí a retirarme del edificio de la policía, ya tenía una buena historia….

Mientras caminaba buscando la parada del autobús de transporte urbano meditaba…. ¿Cuántos casos más como éste se ocultan en los hogares sin que los afectados sepan que es cuestión de denunciar a estos monstruos para acabar con el terror que viven a diario?…

Comentarios a rmart57@gmail.com

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