CRÓNICAS DE UN REPORTERO POLICÍACO
Por: René Martínez
EL OFICIAL NUÑEZ
El pasillo de la barandilla de policía municipal era el acceso a celdas y tenía dos puertas. Una de acceso al edificio que servía de ingreso a los detenidos por faltas al reglamento de policía y buen gobierno que se hacían acreedores a un arresto hasta de tres días y podrían recuperar su libertad mediante el pago de una multa según la infracción cometida y contaba también con un pasillo frontal con dos puertas de acceso.
Y la otra, con el patio del estacionamiento que tenía un solo acceso vehicular para los autos patrulla de la policía y los que poseían algunos oficiales de la corporación y el correspondiente portón para el acceso vehicular.
Tanto durante el día o la noche un oficial del turno correspondiente era destinado a la vigilancia de esta puerta de acceso para evitar que vehículos que no fueran de la corporación o los oficiales hicieran uso del estacionamiento.
Este policía además de su arma de cargo, una pistola calibre .38 de acuerdo al reglamento, era equipado con una escopeta durante su turno de guardia y durante el día, cada cierto tiempo, era relevado por otro oficial para no sufrir demasiado castigo por el clima y la inmovilidad a que se encontraba destinado todo el turno de doce horas.
Frente a la puerta, de la barandilla al patio, a un lado de ella se encontraba situada una banca y cuando tenía yo, como periodista, que permanecer algún tiempo en el lugar, sobre todo durante el turno de noche acostumbraba sentarme en esta banca para no interferir con las funciones de los uniformados y veía entrar a las patrullas para entregar a las personas que habían sorprendido en delito o infracción y entregarlas a los oficiales custodios de celdas donde se les registraba e ingresaba.
Era parte de mi rutina como reportero asignado a la cobertura policiaca del municipio permanecer un rato en la banca, a la expectativa de cualquier arresto que pudiera ser noticia, ya que muchos de los detenidos ni siquiera llamaban mi atención por tratarse de infracciones menores al reglamento de policía y que recuperaban rápidamente su libertad.
Eso no era noticia así que no ponía atención a la mayoría de los arrestos realizados por los uniformados cada turno a menos que los detenidos hubieran incurrido en algún delito mayor o delitos graves que sí podrían ser considerados como parte de la información que a diario recababa en un turno.
Fue así como conocí al oficial Nuñez, que constantemente era asignado a la vigilancia al portón pues era nuevo en la corporación, no sabía manejar vehículos, por lo que no le otorgaban patrulla y constantemente era su trabajo vigilar el portón de acceso a los vehículos al patio de la policía.
Cuando era relevado un rato de su puesto, no se retiraba a otra parte, sino que iba a sentarse a descansar en la banca ubicada a un lado del acceso a la barandilla y ahí nos conocimos y se nos hizo costumbre conversar para pasar más amablemente el tiempo.
Había sido militar varios años y sabía del manejo de armas, por eso le confiaban la vigilancia del portón pues su disciplina para cumplir las órdenes era total.
Era soltero, originario de Oaxaca y abandonó su tierra natal buscando la frontera, pero al enterarse de las dificultades para pasar a los Estados Unidos y buscar trabajo, decidió quedarse en la ciudad de Guadalupe donde reunía los requisitos para ser policía municipal y fue aceptado en la corporación pues sus antecedentes militares fueron tomados en cuenta.
Vivía solo… en un pequeño cuarto que rentaba cerca de la corporación y alguna vez lo acompañé a su casa en horas de trabajo para recoger alguna prenda de ropa y regresar rápidamente a su puesto.
Era muy diestro en el manejo de las armas, por el entrenamiento que llevó en sus años de militar, y hablaba muy poco con sus compañeros policías, pero dejaba de ser un hombre callado cuando se sentaba conmigo en la banca a compartir un café, y fumar un cigarrillo.
Con los meses se fue reforzando la amistad y confianza entre los dos, algo poco usual entre un policía y un periodista y que había mucho recelo entre ellos de platicar las cosas oficiales con gente que no portaba el uniforme.
Nos tocó muchas veces ingerir nuestros alimentos juntos durante el turno de noche y platicábamos mucho.
En el turno de día era asignado a una caseta de vigilancia en solitario, en cualquier lugar de la ciudad y estas estaban equipadas con baños y un teléfono o radio de la corporación para solicitar la presencia de patrullas o el comandante en caso de alguna contingencia de cualquier tipo y desde ahí efectuaban las labores de vigilancia.
Fue en el turno de día….
Nuñez había sido asignado a una caseta ubicada en una manzana totalmente baldía y cubierta de maleza.
La única cosa que había en ese lugar era la caseta de policía que era ocupada día y noche por uno de los oficiales del municipio para atender a la ciudadanía.
Un hombre armado realizó robos en varios negocios del centro del municipio amagando con una pistola a quien se hallaba encargado de los negocios para exigir le fuera entregado el dinero y a pie, sin vehículo se alejaba a todo correr llevándose el dinero.
Pronto, por medio de los radios de la policía, se describió la ropa que vestía el hombre y su descripción total para que los policías de diversas corporaciones se pusieran en alerta y pudieran ubicarlo y realizar su detención.
Fue el oficial Nuñez quien lo vio llegar corriendo hasta el solar y brincar las postas que lo resguardaban para internarse en la maleza tratando de evitar ser localizado y detenido.
De inmediato transmitió usando el radio de la corporación la ubicación del presunto asaltante agregando que pudo confirmar que andaba armado con una pistola aparentemente escuadra la que esgrimía en una mano al momento que entró por la fuerza al predio de cien metros de lado donde no había vivienda alguna.
En cuestión de minutos, llegaron patrullas de varias corporaciones tanto municipales y estatales para rodear el lugar y evitar que el delincuente escapara, ya que el solar colindaba con una avenida importante del municipio que era muy transitada por autos particulares y vehículos de transporte urbano.
Tan pronto como fue realizado el cerco empezaron los disparos… Esto ya era esperado por los policías que intentaron cubrirse en sus vehículos para evitar ser blanco de las balas que disparaba, con su arma, el asaltante.
Varios oficiales de las corporaciones contestaron el fuego iniciado por el ladrón armado que trataba de que los oficiales se alejaran para seguir huyendo.
Así continuaron hasta que el ladrón fue abatido por los disparos de la policía al recibir su cuerpo varios impactos de bala y los oficiales pudieron acercarse y retirarle la escuadra que había usado para atacarlos y procedieron a solicitar la presencia del fiscal para que diera fe del cuerpo del asaltante ya sin vida y además pudiese ser identificado.
El peligro había cesado y los disparos también.
A la llegada del fiscal estatal se supo rápidamente…. El ladrón armado estaba muerto, pero al otro lado de la calle muy transitada había otro cuerpo sin vida de un hombre que pasaba por el lugar y fue alcanzado por una bala, y quien nada tenía que ver con los hechos violentos.
La policía Ministerial, en aquellos años de los noventas, llamada también policía Judicial era la encargada de realizar las investigaciones y sus agentes de inmediato las iniciaron.
Se difundió la noticia y yo había logrado hacer algunas fotos al acercarme al lugar luego que terminó el tiroteo y se publicó lo ocurrido como noticia en los medios.
Días después trascendió entre las filas de la corporación que el oficial Nuñez era buscado por las autoridades investigadoras y ya existía una orden de aprehensión en su contra.
No lo encontraban, pues el domicilio que tenía registrado en la corporación donde trabajaba era la casa de sus padres y no el solitario departamento que yo había visitado.
Así lo recordé…. y por iniciativa propia fui a buscar al amigo policía y en su casa, lo encontré, sonrió al verme, me invitó a pasar, sirvió café para los dos y comenzamos a platicar.
Sus palabras fueron estas: «Yo no disparé, solo estaba en la caseta y lo vi entrar, por lo cual hice el reporte de inmediato de donde se encontraba, no usé el arma pues estaba muy lejos para mi pistola calibre .38 y además recibí la orden de no abandonar la caseta por ningún motivo. y otros compañeros fueron llamados a realizar el cerco.
Escuché los disparos solamente y permanecí en la caseta… ¿Por qué sale la orden de aprehensión en mi contra, si no participé ni en la persecución ni en la balacera?».
Yo no supe que contestarle… preferí guardar silencio… y solamente atiné a decir: «Somos amigos, oficial y por eso estoy aquí, para lo que te pueda servir.»
Me miró un rato en silencio y luego el oficial contestó: » No me van a encontrar, yo nací en la sierra y eso voy a hacer, solo a ti te lo comento, voy a subir caminando a la sierra madre y a buscar el sur, así llegaré a mi pueblo en Oaxaca donde tengo familiares, gracias por tu amistad, pero no me volverás a ver, ni ellos tampoco».
Nos despedimos…. y desde ese día no lo ha vuelto a ver ni a saber más sobre su persona.
Hace más de cuarenta años de los hechos. Y tal vez siga escondido en la sierra o refugiado con sus familiares el Oaxaca.











