julio 22, 2024 11:09 pm
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VISIÓN EDITORIAL

LA SOCIEDAD DEL CONOCIMIENTO
Repensar la globalización
Por; Edilberto Cervantes Galván

En las guerras no hay quien gane, a no ser la industria armamentista. Las “potencias” europeas se han visto en la posibilidad de apoyar con armamento al gobierno de Ucrania, sin que hasta ahora enfrenten ningún señalamiento sobre las consecuencias de esa política para la población civil y las tropas en combate. Es como echarle más leña al fuego.

Hace un par de días, el Primer Ministro de Inglaterra recorrió, junto con el Presidente de Ucrania, las calles de la capital Kiev, para destacar el apoyo de su gobierno con dispositivos de guerra.

También los rusos han aprovechado el conflicto para probar nuevo armamento.

Más allá del armamentismo y sus riesgos para la humanidad, la invasión de Ucrania por parte de Rusia ha puesto al mundo en una condición de crisis económica.
El mercado internacional ya estaba afectado por el rompimiento de las llamadas “cadenas de valor”, debido a la pandemia del Covid 19 y el cierre temporal de la producción industrial. El mejor ejemplo es el acceso a las vacunas y la crisis de los chips electrónicos.

De acuerdo al enfoque de la globalización neoliberal, la importancia de la localización geográfica de las actividades productivas pasaba a segundo término, si se observaba una política de libre comercio.

Un mercado global, con el libre comercio de bienes y con los flujos financieros sin restricciones nacionalistas, era la mejor condición para que la economía global se desarrollara a pleno.

Pero una cosa es el discurso, disfrazado de académico y científico, que beneficiaba a las grandes economías industriales, y otra la realidad de los territorios y poblaciones que no se lograban integrar en las cadenas de valor y en los mercados de trabajo. De allí viene el “fenómeno” de la migración masiva de población africana hacia Europa, o la de mexicanos y centroamericanos hacia los Estados Unidos.

No es que sobre población en algunas regiones, sino que el mercado no genera las oportunidades suficientes para ocupar a toda la población. La experiencia en México con las políticas neoliberales, de apertura plena a la economía global, con todo lo exitoso que ha sido convertirse en el primer socio comercial de los Estados Unidos, no ha logrado generar empleo productivo para una gran parte de la población mexicana. Allí está la economía informal en las ciudades, la agricultura de casi subsistencia en el campo y la emigración de millones de mexicanos. Un “ejército laboral de reserva” excluido de las “cadenas productivas” globalizadas. Población redundante desde la perspectiva neoliberal.

Cuando el presidente Trump se dio cuenta que el mercado internacional no estaba ofreciendo mejores oportunidades para los norteamericanos, de inmediato empezó a construir barreras a la migración y a proteger a la industria norteamericana.

En el régimen de globalización neoliberal, se supone que las empresas compran a la fuente más barata; y si las empresas individuales no asumen correctamente el riesgo de depender de un proveedor extranjero o no confiable, los gobiernos no deben intervenir.

El caso de Alemania en la actualidad es paradigmático. El gobierno y las empresas alemanas, buscando el mejor precio y la “seguridad del abasto”, establecieron hace años compromisos de abasto de gas con Rusia. Está en proceso de construcción –ahora suspendido– un gasoducto para proveer de gas ruso a los países europeos y principalmente a Alemania.

Debido a su “dependencia” del gas ruso y lo inviable de una solución alternativa a corto plazo, la política de Alemania hacia Ucrania no ha sido tan “apoyadora”, como la de Estados Unidos o España.

El premio Nobel de Economía Joseph Stiglitz, señala que el gobierno alemán pudo en su momento argumentar razones de seguridad nacional para no depender del gas ruso. Y señala que la Organización Mundial del Comercio – el organismo garante de la libertad de comercio– incluye una excepción de seguridad nacional que las autoridades europeas podrían haber invocado para justificar intervenciones destinadas a limitar su dependencia del gas ruso.

Según Stiglitz: “La interpretación bondadosa de la posición de Alemania es que esperaba que el comercio domara a Rusia. Pero desde hace mucho tiempo hay un tufillo a corrupción, personificada por Gerhard Schröder, el canciller alemán que presidió instancias críticas del involucramiento cada vez más profundo de su país con Rusia y luego pasó a trabajar para Gazprom (https://on.ft.com/3v6au5n), el gigante del gas de propiedad del estado ruso”.

En el caso de México, el proceso político-legislativo en curso para modificar el régimen legal de la industria eléctrica, es otro ejemplo en el que el argumento de la seguridad nacional podría ser invocado conforme al marco de la Organización Mundial del Comercio, para no otorgar tratamiento privilegiado a empresas extranjeras en el sistema de abasto. La situación de crisis que se ha creado en España, en donde se privatizó todo el sistema de energía, con la participación de empresas que tienen presencia en México, es una señal de que el argumento de la seguridad nacional no puede dejarse de lado. No se trata de un nacionalismo trasnochado.

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