junio 17, 2024 5:45 pm
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CRÓNICAS DE UN REPORTERO POLICÍACO

CRÓNICAS DE UN REPORTERO POLICÍACO

EL RECADO

Por: René Martínez

Ya se habían acabado los asaltos bancarios…

El mito de los guerrilleros de izquierda ya estaba olvidado y destruido, había paz urbana en la gran ciudad de Monterrey y la única inquietud de los representantes de la ley era contener la ola de cristalazos en la ciudad y uno que otro carterista que seguía aun activo en los sectores considerados como conflictivos.

Fue entonces cuando apareció…

Era el principio de los años noventa…. Un solitario ladrón, joven se presentaba en las instituciones bancarias, y sin arma ni nada, en silencio, entregaba un recado escrito a la cajera pidiendo que le fuera entregado todo el dinero que manejaba o había violencia en el banco en contra de ella.

¿Porque actuaba así?…

Los testigos afirmaban que no le vieron llevar en la mano arma alguna…. Sin embargo, logró cometer varios atracos de esta forma utilizando solo un recado a una de las cajeras y luego salía tranquilamente caminando del banco sin que los clientes o el resto de los trabajadores pudieran darse cuenta de lo que había ocurrido.

La policía contaba con su descripción y algunas fotos borrosas de las cámaras de vigilancia bancaria con lo cual se iniciaron las investigaciones.

El problema era otro…. El problema era la ley estatal.

¿Porqué?… La razón es muy sencilla, lo saben los ladrones profesionales como los carteristas que operan a diario en los camiones urbanos o en lugares donde hay acumulamientos de gente.

La ley en estado establecía muy claro la diferencia en cuanto la penalidad de los delitos.

¿Penalidad?… y ¿qué es eso?

Son los años correspondientes de prisión a cada delito que una persona cometa y en este caso el robo se diferenciaba como robo simple, robo con violencia, robo a mano armada y otras definiciones.

A cada tipo de robo le correspondía una sanción diferente por ley a quien lo cometía y le era comprobado mediante testigos o al ser sorprendido en flagrancia, o sea en el acto de robar.

Otra parte de la ley refiere que el delito cometido cuya pena supere la media aritmética de diez años…. o sea, cinco de prisión, no podrá contar el delincuente con el beneficio de la fianza.

El robo simple, estaba penado con menos de cinco años, pero si durante el robo se ejercía la violencia contra la víctima por medio de un amago de arma, entonces correspondían diez años o más al autor del delito.

La diferencia era el arma o la violencia en la acción de robar.

Por esto el ladrón no llevaba ni mostraba armas, para no incurrir en el agravante de la violencia, y sabía que si era detenido en alguna ocasión tan pronto como el fiscal lo pusiera a disposición de juzgado para su juicio, podría solicitar la libertad bajo fianza, depositar el dinero que le fuera fijado por el juzgado y salir en libertad.

Si usaba un arma, entonces no habría manera de que saliera en libertad de la penitenciaría hasta que cumpliera los años de cárcel que le fuera impuesta por sus delitos.

Tanto va el cántaro al agua, hasta que se quiebra; retratos hablados, retratos bancarios, vigilancia de la policía, sea lo que hubiera sido, el caso es que un día lo detuvieron.

La policía Ministerial informó a la sociedad de inmediato por todos los medios que el ladrón bancario de los recados había sido detenido.

El fiscal integró la averiguación y fue plenamente identificado por sus víctimas.

El caso fue turnado al juzgado tercero de lo penal para que se llevara a cargo el juicio contra el detenido a raíz de haberlo identificado como autor de los robos a los bancos mediante recados.

Lo internaron al penal.

Y cuando los periodistas revisaron el proceso. encontraron que no recibió el beneficio de la libertad bajo fianza por haber sido acusado de robos con violencia.

De inmediato los periodistas solicitaron una audiencia para entrevista con el juez…

Y ante el funcionario todos preguntaron la misma cosa, ¿Cuál violencia? Si el ladrón bancario no llevaba arma, ni lanzó golpes solo pasó el recado a la cajera…. ¿por qué no le dieron el beneficio de la fianza para seguir el proceso en libertad como marca la ley?

Y entonces le preguntaron al Juez Penal directamente: ¿Cuál violencia?

¿Por qué asentaron esto en el proceso?

El Juez tercero de lo penal, guardó silencio unos momentos, y luego se dirigió a los reporteros para contestar.

¿Y la violencia moral con la que amagó a la cajera?

Todos guardaron silencio y abandonaron la sala del juez.

Lo cierto es que nunca nadie volvió a cometer un atraco bancario sin armas y mediante un recado.

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