abril 16, 2026 12:41 am
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CRONICAS DE UN REPORTRERO POLICIACO

LA TUMBA

Por: Rene Martínez

A finales de la década de los años ochenta, el edificio de la entonces llamada Policía Judicial, que con los años cambió a Policía Ministerial, se hallaba ubicado en el cruce de las calles de Venustiano Carranza y Espinoza, y frente al cuartel de la policía una plazoleta y a un lado de ella las instalaciones de la Escuela Normal Superior.

A un costado del edificio, al sur, se hallaban las celdas de la entonces policía Municipal y a poca distancia ocupando una esquina las instalaciones de la desaparecida institución de la Cruz Verde que hacía las mismas funciones de emergencia que la Cruz Roja con una sola diferencia.

La corporación fue creada pues entre las normas internacionales de la Cruz Roja, que en Monterrey se seguían al pie de la letra, se hallaba la de auxiliar heridos y enfermos, pero no recoger cadáveres.

Como el Servicio Forense requería en casos de crímenes que los cuerpos sin vida de personas fallecidas por un crimen o algún accidente o causas desconocidas fueran trasladados a las instalaciones del Hospital Universitario para la realización de la correspondiente autopsia y carecían, en aquellos años, de quien diera este servicio, le fue confiado a la Cruz Verde Municipal ya que el personal de la Cruz Roja se oponía a realizarlo.

Ahora el servicio médico forense estatal cuenta ya con su propio personal especializado y unidades de transporte adecuado para estas funciones, pero en aquellos años no lo tenían.

A pocas cuadras del edificio que alojaba a la Policía Ministerial, la municipal y la Cruz Verde se encuentra también ubicado el panteón de Dolores, pero de tal forma que son más de doscientos metros la distancia del cementerio a donde se hallaban estas instituciones.

Al sur de la barda que delimita el área del Panteón a poca distancia se encuentra ubicada la colonia María Luisa y también la colonia Obispado, cuyas casas en su mayoría se encuentran habitadas por familias que pertenecen a la clase media alta.

Para los habitantes de la ciudad de Monterrey estas áreas son fácilmente identificables.

Y para los ladrones también, pues por tratarse de familias bien establecidas muchas veces no ponían atención en los robos menores que ocurrían en sus domicilios y como eran sustraídas cosas de poco valor, ni siquiera acudían ante la policía a realizar la denuncia correspondiente.

¿Qué tipo de artículos? cosas de uso cotidiano, que van desde una plancha, un radio de mesa, una mecedora de las utilizadas al frente de la casa, artículos electrodomésticos como una licuadora, una tostadora y cosas similares que en realidad no significaban gran pérdida para la familia afectada si se toma el robo individual sufrido por ellos.

Esto me lo explicó el entonces comandante de Robos apellidado Martínez Ulloa, quien realizó la investigación.

Resulta que los autores de los robos domiciliarios para evitar la denuncia y el ser detectados por los mismos vecinos y las autoridades ya con el objeto de valor en su poder caminaban a toda prisa desde las colonias residenciales hasta la barda del panteón y arrojaban el artículo robado por encima de la pared que claro no tenía techo pues dentro del cementerio solo había tumbas.

Repetían esta acción una y otra vez en varias casas hasta haber logrado sustraer varios artículos de diverso valor entonces paraban de robar las casas.

Caminaban por la acera de la barda que servía de cerca al panteón que medía alrededor de dos metros y seguían por la banqueta hasta llegar a la puerta del panteón.

Entraban y ante la imposibilidad de salir cargando con los objetos robados, los iban acomodando poco a poco en una de las fosas abiertas de una tumba.

Al no ser suficiente el lugar, forzaron la puerta de uno de los lugares donde se guardan varios féretros que con como pequeñas capillas y dentro del mausoleo también guardaban los objetos de valor.

Dejaban pasar varios días y luego entraban al panteón por la puerta principal para vaciar la cripta o el mausoleo, donde estaban los objetos acumulados y los sacaban ocultos en el guardaequipaje del carro sin que nadie se diera cuenta que se llevaban de esta manera una gran cantidad de objetos robados en las colonias de un lado del panteón.

Todo les había funcionado a las mil maravillas durante algunos meses hasta que algo acabó con su maniobra.

Frente al panteón había los tradicionales lugares de ventas de flores y una que otra taquería y hasta restaurantes que veían sus mejores ventas los días en que en nuestra ciudad se acostumbra visitar y hacer honores a los difuntos.

Estos lugares la mayoría del año se encuentran solitarios y los restaurantes tienen poca clientela.

Resultó que uno de los agentes del grupo del comandante Martínez buscando donde comer se aficionó a ir a uno de estos lugares a comer pues le quedaba cerca del edificio del cuartel de la Policía Ministerial.

Todos los días vestido sin uniforme y sin arma entraba a comer como cualquier persona, platicaba con el encargado y pedía el platillo del día, pagaba la cuenta, sin identificarse como policía y luego salía a regresar a su trabajo.

Fue uno de estos días cuando mientras comía pudo ver la maniobra sobre una parte de la barda de uno de los integrantes de la banda de ladrones.

Lo vio arrojar un radio por encima de la barda para luego seguir caminando tranquilamente.

Esto motivó su curiosidad. Terminó de comer, pagó la cuenta y se dirigió caminando hasta el interior del panteón y sin aproximarse a la barda pudo ver lo que ocurría y como caían diversos artículos de valor que eran arrojados dentro del cementerio por arriba de la barda.

Fue entonces cuando pidió apoyo a sus compañeros y señaló como punto de reunión un lugar ubicado en las afueras del panteón y pidió además la presencia del comandante del escuadrón de investigaciones de robos.

Lejos de la entrada del Panteón se reunieron los agentes a escuchar la explicación que les daba el compañero y luego fueron penetrando de uno en uno para observar desde diversos puntos las maniobras de los ladrones.

Cuando vieron ingresar al vehículo y los ladrones empezaban a meter los objetos robados dentro del auto de inmediato los rodearon.

Los integrantes de la banda fueron detenidos, se les decomisó un cuantioso botín en diversos aparatos domiciliarios y hasta adornos de cierto valor que habían sustraído de las casas.

El único problema para los representantes de la ley que los habían detenido en flagrancia completa es que no había denuncia de los artículos robados por los afectados.

Por eso pidió mi colaboración y que se publicase en el periódico los hechos y fotos de los artículos recuperados para que los pudieran identificar los dueños ante las autoridades y los ladrones pudieran ser procesados por los delitos cometidos.

Cuales delitos, primero que nada, el robo domiciliario, luego el de la profanación de tumbas, después la venta de artículos robados y hasta la posesión de armas pues algunos de ellos iban armados y le agregaron asociación delictuosa o delitos cometidos en banda.

Eran varios años de cárcel los que les esperaban de castigo por ello y los detenidos no obtendrían pronto su libertad y de esta manera pararon los robos en la colonia Obispado en ese año.

¿Usar las tumbas de refugio? nunca se me habría ocurrido, parecía la trama de una película de suspenso, pero así ocurrió.

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