CRÓNICAS DE UN REPORTERO POLICACO
Por: René Martínez
El Capataz
En los años cincuentas…. cometió un crimen en su natal Montemorelos donde lo detuvieron por esto y sin más ni más confesó ser el autor de la muerte de su rival.
Durante las investigaciones realizadas por las autoridades se esclarecieron completamente los hechos y todo lo señalaba como autor del homicidio.
Plenamente confeso, además, fue procesado y sentenciado a la pena máxima… pero al ser internado dentro del penal del estado de aquellos años conocido como «El palacio negro», ingresó a las mazmorras de la penitenciaría estatal donde quedó confinado para cumplir su condena.
De piel blanca, tirándole a morena aperlada, de estatura sobresaliente al promedio y con sus antecedentes pronto impuso respeto entre los internos de aquel lugar, que le mostraban respeto y para esto contaba también con los antecedentes del crimen que había cometido.
Homicida y corpulento, pronto se hizo de una reputación entre los reos al hacer respetar su nombre… era de pocas palabras, pero no por ser rudo, es que era de origen campesino y sin muchos estudios y hablaba poco, muy poco lo que parecía infundir aún más respeto entre los que ahí cumplían su condena.
Los celadores del penal pronto se dieron cuenta de esto, y para evitar mayores fricciones entre el personal de vigilancia y los que cumplían ahí su condena, lo nombraron «capataz».
De esta manera se reducía al mínimo la comunicación entre autoridades y los procesados que estaban presos, y tanto los vigilantes como el director del penal se dirigían únicamente a él, para dar instrucciones a los presos y este hombre las comunicaba a los internos.
¿Su nombre?… no viene al caso, pues ya cumplió cabalmente la condena que le impuso la sociedad en aquellos años y pudo recuperar su libertad, pero para referencia de los lectores podremos parcialmente como lo llamaban: «El filo» Villanueva.
Su sola mención doblegaba a cualquiera que se hallara procesado, aquel corpulento hombre de pocas palabras imponía orden dentro de la penitenciaría lo cual ahorraba muchos problemas a las autoridades del lugar y todo se hacía a través de él y hasta los delincuentes de más felonía acataban sus órdenes que a veces solo consistían en ademanes, pero habían de cumplirse de inmediato.
Gracias a este hombre, no había problemas en el interior del reclusorio, pero un día pudo recuperar su libertad.
Muchos años después entre sus frases se definía así: «Yo soy matón, pero no soy homicida».
Quería decir que mató en riña, pero que no le daba por matar a nadie ni tenía esos instintos.
En la década de los setentas, ya había cumplido su condena y recuperado su libertad.
«El Filo», ya era hombre libre y al cumplirse su sentencia fue puesto en libertad.
Yo… No conocía su historia entonces, llegué a Monterrey a finales de los años setenta y pude conseguir trabajo en un periódico que estaba escaso de reporteros.
No existía la carrera de «Ciencias de la comunicación» entonces…. se aprendía en los periódicos a trabajar y precisamente eso había hecho yo desde que era estudiante de preparatoria.
El director del periódico me dijo en la primera entrevista: «Como te sientes para cubrir notas policiales»… Mi respuesta fue que bien, y al otro día ya estaba trabajando cubriendo información de sucesos para el periódico y las noticias que surgieran tanto de las corporaciones policiales como de emergencia.
Total, era el «nuevo» y yo quería subsistir, necesitaba el trabajo y me dediqué a hacerlo lo mejor que podía.
Uno o dos fotógrafos y reporteros intentaron ponerme trabas en el trabajo, los demás me aceptaron como compañero de inmediato pues no querían hacer lo que llamaban «Nota roja» a mí no me importaba, si daba para comer.
Uno de esos días… al llegar al edificio de la entonces Policía Judicial, ahora «Ministerial» a recabar información de lo sucedido me enteré de que desde un día antes habían detenido al «Filo Villanueva».
Como era rutina me presenté en celdas y pedí mi lista de los detenidos del día para tomar sus fotos y entrevistarlos yo mismo, pues portaba mi propia cámara y no requería un fotógrafo que me acompañara.
Lo mismo hacían los otros periodistas que acudían a la policía, pero ellos llegaban más tarde y yo siempre era el primero.
Los pedí a todos y entre ellos de uno por uno fueron saliendo y parándose frente a mí al momento que yo hacía mi trabajo: una breve entrevista y una foto.
Al final me pasaron al «Filo Villanueva». salió portando un sombrero tejido, pero de cierta calidad y una guayabera blanca impecable.
¿Filo Villanueva?… pregunté… (Y por alguna razón, me sentí tonto al preguntar) me contestó asintiendo con la cabeza sin hablar, luego le tomé la foto al momento que preguntaba: ¿Que pasó?… ¿Por qué lo trajeron?
Sonrió ampliamente… Y contestó: «Mira… al rato me voy, ya me explicaron que hubo un crimen cerca de donde yo vivo y anoche fueron por mi para ver qué había pasado, pero yo no sé… fue anoche y yo estaba dentro de casa dormido y eso le dije a los agentes, pero igual me pidieron que los acompañara y me metieron a celdas. Hace rato vino el comandante y me explicó que están comprobando lo que yo dije y en un rato más me liberan…. Esta vez, yo no he hecho nada… ¡Y si lo hubiera hecho, pos se los digo!
Le agradecí que hablara conmigo…y procedió a ir de nuevo a celdas.
Al completar mi trabajo de entrevistas, me dirigí al periódico y escribí las notas y adjunté las fotos.
Al otro día todo lo que había yo redactado se publicó inclusive la detención del «Filo» con una fotografía de hombre muy grande pues era considerado todo un personaje entre los delincuentes.
Los reporteros mayores que yo… que integraban la redacción y eran compañeros de trabajo me preguntaban varias veces: -Entrevistaste al «Filo» y ¿le tomaste fotos? yo respondía únicamente: «Si»…
Y se alejaban en silencio.
Varios días después me enteré de lo que había pasado… Ninguno de los reporteros de otros medios pidió entrevista con «El filo» y nadie más que yo le tomó una foto y la noticia no apareció en ningún otro medio más que en mi periódico.
Tal era el terror que infundía el hombre a pesar de que ya había cumplido su condena y se causaba pánico tanto dentro del penal como en la gente normal… era una leyenda tan fuerte que los reporteros prefirieron omitir esa noticia.
Menos yo… fui el único que habló con el hombre e inclusive le tomó fotografías que se publicaron,
Nadie me dijo nada… con el tiempo comprendí porque el silencio de los reporteros mayores que yo, pero a partir de ese día… todos me veían con respeto. Y no me hacían las burlas que se les hacen a los compañeros nuevos.
Me empezaron a respetar como profesional…cuando yo no sabía el porqué, y no comprendía que ellos no se atrevieron a entrevistar a Filo.
Pasaron semanas de esto… Yo seguía haciendo mi trabajo y al terminar me dirigía a mi domicilio, a pie pues había rentado un departamento en el centro de la ciudad, cerca del periódico, pero en el trayecto desde una banqueta escuché gritar mi nombre con fuerza y me acerque al lugar.
Un hombre alto y blanco me extendió la mano para saludarme efusivamente.
Le correspondí al apretón de manos y exclamó: «Un gusto saludarte»….
Era el «Filo» Villanueva que se alejó caminando apresuradamente mientras yo lo veía alejarse y confundirse entre la gente… yo solo pensaba… «Mató en riña, pero no es un delincuente»…..
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