septiembre 28, 2023 10:41 am
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VISIÓN EDITORIAL

LA SOCIEDAD DEL CONCIMIENTO
¿Alternativas políticas en 2024?
Por: Edilberto Cervantes Galván.
Hay toda una literatura sobre la organización y las instituciones políticas. Las obras más conocidas son las que tratan de explicar el proceso político en los países occidentales o en aquellos que han adoptado algunas de las instituciones que caracterizan a las democracias occidentales.
A mediados del siglo XX se planteaba la alternativa entre las democracias liberales tipo occidental y las democracias populares de los países detrás de la cortina de hierro (también señaladas como regímenes dictatoriales). A finales de los ochenta, al desaparecer la Unión Soviética, se anunció que había llegado el fin de las ideologías y que de allí en adelante la democracia liberal sería el modelo a seguir a escala global.
Ese “fin de las ideologías” se correspondía con la propuesta de la globalización económico-financiera que, con la creación de la Organización Mundial de Comercio, se proponía la incorporación de todos los países a un solo mercado de bienes y servicios a escala global. A una sola ideología económica correspondería una sola ideología política.
La política económica neoliberal se desarrolló a partir de los años ochenta del siglo pasado con relativo éxito. Rusia fue incorporada al mercado occidental, al igual que los antiguos países que integraban la Unión Soviética y China se decidió a abrir sus fronteras al capital, la tecnología y los mercados internacionales. Por su parte los Estados Unidos y la Unión Europea, con sus países aliados en el sureste asiático, parecían beneficiarse efectivamente del mercado globalizado.
Junto con la Organización Mundial del Comercio, el Fondo Monetario Internacional imponía criterios homogéneos sobre el manejo de las finanzas en los estados nacionales y en las finanzas internacionales. La imposición de estos criterios en países con deudas externas provocó dolorosas crisis sociales al dictar severas políticas de austeridad, privatización de empresas públicas, desaparición de empleos públicos, etc. México carga la deuda del Fobaproa desde los años noventa. O como el caso de Grecia, en donde los organismos financieros de la Comunidad Europea aplicaron los mismos criterios del FMI; ahora después de casi diez años Grecia aún sigue en recesión provocada. Ahí está también Argentina actualmente.
El consenso alrededor del comercio globalizado y las políticas financieras del Fondo fue cimentando la percepción de que no había políticas públicas alternativas viables. De tal forma que no importaban las posturas de los partidos políticos ni sus promesas de campaña, llegado el caso de que uno de los partidos se hiciera del gobierno sus acciones tendrían que ajustarse a las políticas neoliberales ya establecidas.
En Europa, con el establecimiento de políticas comunitarias, las reglas se hicieron obligatorias para los gobiernos nacionales, sin importar el partido político que estuviera en el poder. Se cedió soberanía. De allí porqué Inglaterra se retiró de la Comunidad Europea.
Los partidos políticos empezaron a desdibujarse desde el punto de vista ideológico y de las políticas públicas.
En el caso de México, la política económica neoliberal que se empezó a instrumentar con Miguel de la Madrid y que se continuó en los siguientes gobiernos, tuvo el mismo impacto en los partidos políticos mexicanos. La llamada “transición democrática”, con la llegada del PAN al gobierno nacional, no se tradujo en ningún cambio de políticas económicas y financieras, aunque si en mayores apoyos al sector privado. Los dos gobiernos del PAN aplicaron las mismas políticas. Con el regreso del PRI a la Presidencia en el 2012, las políticas de gobierno las sistematizó la OCDE, con la guía de Ángel Gurría, acentuando la orientación neoliberal e incorporando al PAN y al PRD en un bloque de gobierno. Así fue como el PRI, el PAN y el PRD perdieron su identidad como partidos. El Verde y el PT ya estaban muy disminuidos.
Al paso del quiebre de la globalización neoliberal, se experimenta un proceso de desigualdad social creciente en la mayor parte de los países y una ausencia de colaboración internacional para abordar los problemas sistémicos, como el cambio climático, la pandemia del COVID, la escasez de alimentos, etc.
En este contexto, la agenda de los partidos políticos sustentada en las recetas neoliberales no resulta atractiva para un electorado preocupado por la sobrevivencia e incrédulo ante las promesas fallidas de crecimiento económico. En México, López Obrador tuvo que crear un nuevo partido, para deslindarse de los partidos del acuerdo neoliberal y con una agenda centrada en la propuesta de Primero los Pobres. En Chile y en Colombia, las posturas “progresistas” ganaron recientemente las elecciones nacionales, con una agenda social más cercana a las clases populares y sensible ante los retos de los Objetivos del Milenio.
No se puede hablar de una política de izquierda en el sentido tradicional, pero si de una lucha política apegada a los proceso democrático-electorales, con una agenda que busca atemperar las desigualdades sociales, superar el machismo, el sexismo y el racismo y las carencias del pueblo que no resuelven las políticas neoliberales. El discurso no es alrededor de la propiedad de los medios de producción si no de construir en lo inmediato una sociedad justa, con acceso universal a la salud, la educación, la vivienda y la alimentación y la garantía de una renta básica anual. El respeto a la población indígena y su cultura. El respeto a la diversidad. Ya no es aceptable el primero vamos a crecer económicamente y después repartimos.
Así como los partidos políticos han perdido identidad ideológica, también las campañas electorales carecen de planteamientos de políticas públicas. Las promociones electorales, sustentadas en el marketing, con candidatos que se promueven como si fueran productos de consumo, tendrán que evolucionar para plantear compromisos creíbles ante la comunidad y enfrentar los retos del siglo XXI.
En el periódico El País se afirma que “el mundo se tambalea”, la causa es una extraordinaria confluencia de crisis, como la ofensiva de Rusia en Europa, la persistente pandemia de covid-19, las interrupciones generalizadas en el comercio y las cadenas de suministro, la inflación, la inseguridad alimentaria y todos los nocivos síntomas del cambio climático. Y sin mecanismos válidos para la colaboración internacional: la ONU, la UNESCO, la OMS, como meros testigos del desastre.
¿Con qué criterios podremos elegir a los candidatos a las elecciones nacionales de 2024?

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