abril 15, 2026 5:41 pm
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CRÓNICAS DE UN REPORTERO POLICÍACO

EL TOY TOY

Por: René Martínez

No era el primer caso que se registraba en los anales policíacos del Estado….

Años anteriores había ocurrido ya algo similar, pero con diferentes personajes, el caso es que de repente se registraron periódicamente asaltos a las joyerías del centro de la ciudad y ante esto tanto la policía uniformada estatal como los agentes ahora ministeriales entonces llamados Judiciales se habían visto imposibilitados para actuar en favor de los afectados que una y otra vez veían llegar al solitario asaltante armado y tras amagar a los empleados llevarse jugosos botines sin que pudieran detenerlo.

El personal policial ocupaba entonces un edificio ubicado en pleno centro ubicado por la avenida Venustiano Carranza cruz con la calle Espinoza.

Pero antes que otra cosa hay que relatar el caso del apodado «Toy Toy»… era un joven que recientemente había rebasado la mayoría de edad, muy joven aún y muy inteligente, pero con un problema corporal difícil de apreciar por todos.

Su mente funcionaba bien, era muy inteligente pero su cuerpo no… se movía lentamente, hablaba en pausas para no tartamudear y parecía que pensaba mucho antes de hablar cuando en realidad eran dificultades motrices diversas de su cuerpo lo que le impedían hablar con fluidez.

Era repartidor de periódicos y como pronto se dieron cuenta de su inteligencia le confiaron un vehículo de reparto y gran cantidad de ejemplares para sustituirlos cada día.

El reparto se hacía en horas de la madrugada, pero «Toy toy».  consciente de sus problemas físicos y que se movía lentamente empezaba sus labores desde la media noche pues era lento para todo.

Su rutina era recoger las llaves de encendido de la camioneta combi en que iba a realizar el reparto, y el dinero correspondiente para ir a la gasolinera más cercana a cargar combustible, luego de lo cual regresaba al periódico para esperar que le cargaran los paquetes a distribuir en diversos puntos de la ciudad.

Era muy alto, medía casi dos metros y era corpulento…. y en su afán por escalar en los puestos del periódico habló con el reportero que cubría la sección policiaca, le pidió que le enseñara a manejar la cámara y se ofreció a ayudarle gratis mientras aprendía el oficio.

Fue ahí en la redacción del periódico donde nació su apodo, pues le empezaron a pedir que redactara una de las noticias del día, la más sencilla y había de hacerlo en una máquina de escribir.

Cuando el jefe de un grito le pedía la nota, se le oía exclamar: «Toy,,, Toy»…. varias veces pues quería decir: «Estoy terminando de escribir” y ante eso, sus compañeros de trabajo empezaron a decirle estas palabras recortadas como apodo.

El reportero a cargo del que era ayudante le pedía que fuera a las oficinas de la Policía Ministerial entonces ubicadas en el centro de la ciudad para que recogiera el parte informativo de la policía correspondiente al día y si podía tomar algunas fotos alusivas a cada caso se lo tomaba a bien.

Así pronto se hizo conocido por los policías en el medio y por los periodistas quienes conscientes de sus problemas físicos le daban oportunidad de hacer su trabajo junto con ellos, y le tenían paciencia ante su lenta forma de realizar sus labores.

Haremos una breve pausa en su historia para comentar lo que por esas fechas del inicio de los años ochenta ocurrió en la policía Judicial.

Uno de los agentes fue reprimido por su comandante ante su irresponsable actuar y ante esto lo retó, ante todos los elementos presentes, y no solamente a su comandante sino a toda la corporación y ante un nutrido grupo de sus compañeros renunció a su cargo y a la placa que portaba y sentenció que les iba a demostrar que era mejor que ellos.

Ante esta aseveración, todos guardaron silencio y se marchó lanzando insultos y amenazas a todos.

El caso trascendió y los periodistas se enteraron de lo que había pasado y la renuncia de Everardo.

Días después de esto, empezaron los asaltos a medianoche en las gasolineras y de día en las Joyerías y gritaba antes de irse con el dinero o las joyas: «Yo soy Everardo»…

Pronto sus asaltos fueron del dominio público y los agentes y comandantes tuvieron que reconocer que como había sido policía, conocía los movimientos de sus ahora excompañeros y sabía muy bien cuándo y dónde asaltar para no ser detenido.

Siempre lograba fugarse, y evadía las acciones persecutorias de los agentes y así pasaron varios meses, y al saberse de un nuevo asalto en horas de la noche a una gasolinera del centro de la ciudad todos sabían quién lo había perpetrado: ¡»Everardo”!…

Esto ocurrió durante largas semanas.

Una de esas noches, el repartidor de periódico y aprendiz de reportero, «Toy toy», llegó ante el guardia del periódico donde laboraba, en pleno centro de la ciudad para pedir las llaves de la camioneta de reparto y el dinero para cargar gasolina y luego regresar por los paquetes de periódico.

Le dieron el dinero y las llaves ante lo que procedió a dirigirse a la gasolinera más cercana para abastecer la camioneta de combustible.

Llegó entonces a la gasolinera y pidió le llenaran el tanque y mientras el empleado del lugar lo hacía procedió a bajar de la camioneta para preparar el dinero y pagar con el combustible y procedió lentamente a contar los billetes para preparar el pago correspondiente.

Fue en esos momentos cuando un hombre que llegó a toda prisa, pero caminando amagó con un arma al empleado de la gasolinera que se hallaba frente a «Toy toy» a poca distancia pues iba a cobrar la gasolina depositada al vehículo.

«Denme el dinero! — gritó– esto es un asalto: ¡YO SOY EVERARDO!» y se dirigió primero a «Toy Toy» quien ya traía los billetes en una mano, listo para pagar y cuando se acercó al repartidor para tomar el dinero, lo que recibió fue un fuerte puñetazo en la mandíbula que lo derribó dejándolo completamente desmayado.

El empleado de la gasolinera corrió hacia la oficina y solicitó que acudiera la policía al momento.

A un lado del hombre inconsciente había caído el arma que portaba y frente al caído se mantuvo el «Toy toy” …en posición de boxeador gritando: «¿Cuál Everardo?… Y no te pares porque te doy otro golpe… No vayas a ponerte de pie” …

Así los encontraron los primeros oficiales de la policía estatal que llegaron al lugar atendiendo la llamada de auxilio, uno derribado e inconsciente y el otro en actitud de boxeador.

Procedieron a detener al expolicía, y a llevar al repartidor a las instalaciones para que rindiera su declaración.

La llamada la recibió el guardia del periódico…. era de parte de la policía, avisando lo ocurrido y pidiendo que enviaran a un responsable del periódico pues el «Toy toy» solo repetía… «A mí no me iba a robar el dinero del periódico!… a mí no…»

Al otro día el asaltante antes policía fue presentado a los medios de comunicación, pero a nadie le interesaba entrevistarlo.

Los periodistas se amontonaban frente al «Toy toy», tratando de entrevistarlo, a lo que él decía solamente… «Por favor, no me tomen fotos».

Luego del momento, tuve la fortuna de que me saludara y me dijera: «Oye, tengo hambre… vamos a los tacos»… Y nos fuimos estaba muy emocionado y enojado…. y conversó conmigo y me relató toda la historia que entrecortaba solamente para repetir: «A mí no me iba a robar ese desgraciado!»…

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