CRÓNICAS DE UN REPORTERO POLICIACO
Por: René Martínez
BEBÉS ABANDONADOS
Era un lunes… No había mucho que hacer en casa, y decidí dar una vuelta a la delegación municipal de policía a ver si había alguna novedad y adelantarle algo al trabajo que haría mañana.
Pregunté al comandante de turno y no habían tenido ninguna actividad que pudiera convertirse en noticia, ni siquiera había detenciones recientes en las celdas, pero de igual forma me reporté con los operadores de la planta de radio para que me avisaran si había algo y decidí ir un rato a la barandilla, que es la antesala de las celdas y platicar con los encargados de ingresar a los detenidos.
En eso estaba, en saludar a los encargados del lugar cuando sonó el teléfono interno de la policía y preguntaban si yo aún estaba ahí ante lo cual les informaron que sí.
Fue entonces el encargado de la planta de transmisiones de radio quien acudió conmigo y me dijo esto: «Preguntan de la policía de Apodaca -municipio vecino- que si hay un reportero presente y les dije que era afirmativo y dicen que si pueden enviar una patrulla por ti pues tienen algo importante allá».
Mi respuesta fue clara: Diles que sí….
Media hora después llegó una patrulla municipal de Apodaca y sus integrantes preguntaron directamente por mí y al hacer contacto con ellos me pidieron que subiera a la patrulla, pues querían proceder a llevarme allá dónde su comandante había solicitado mi presencia.
Eso hice y la patrulla se puso en marcha al momento que comunicaban por la radio policial que ya estaba un periodista con ellos y estábamos en movimiento hacia el lugar.
No se me informó de que se trataba y enfilaron hacia la colonia «Cañada Blanca» que se encuentra ubicada en los límites de los dos municipios, parte en uno y parte en otro y así la vigilancia de algunos sectores corresponde a cada uno de ellos.
Y me llevaron a una casa humilde en el sector de Apodaca donde había pocas viviendas y donde vivía gente muy pobre que vivía en pequeñas casuchas de madera y con sus calles casi desiertas.
En torno a una de las últimas casas que consistía en un tejaban de madera bastante deteriorado se hallaban varias patrullas y algunos policías acordonando el sitio mientras esperaban mi llegada.
El jefe en turno me dijo: «Señor periodista tenemos esta situación: nos denunciaron telefónicamente que en ese cuarto de madera había unos niños abandonados desde hace varios días, pero no podemos entrar pues no existe orden alguna del fiscal ya hablamos también con él pero al no existir denuncia escrita no puede emitir la orden y menos si no se han comprobado los hechos, ante lo cual no podemos intervenir y se me ocurrió llamarlo a usted para ver que se puede hacer.»
Observé el entorno y había una ambulancia de la Cruz Verde municipal con enfermeras y un médico, pero tampoco se atrevían a penetrar en el lugar y estaban parados a un lado del vehículo de emergencia por si se solicitaba su intervención.
No iban a entrar…. ¿Por qué?… eso me preguntaba en silencio y entendí… si entraban sin orden de cateo, era un procedimiento ilegal y no les constaba que hubiera gente en peligro y era un allanamiento ilegal que a cualquiera le hubiera costado el puesto de ser denunciado.
La casucha estaba cercada con rejas de madera, que tenían muchos años de haberse instalado, era pues madera vieja y evalué la situación, al tiempo que me preguntaba en silencio yo mismo «¿Y si en realidad hubiera dentro alguien en peligro?»
Primero que nada, tomé algunas fotos del entorno, y el pequeño cuarto de madera rodeado por patrullas y la ambulancia y luego me decidí…
Brinqué la barda hecha de tablas de madera y me acerqué poco a poco a la casa que consistía en un solo cuarto y me aproximé a la ventana para asomarme.
Lo que pude ver fue una escena que se grabó de inmediato en mi mente y me torturó por varias semanas: dentro del cuarto había una mesa de madera muy vieja y una silla, a un lado un camastro con solo un colchón sin sábana alguna todo muy viejo y severamente dañado.
En el piso… estaba un bebé de meses de nacido que ya no podía llorar… de algunos tres meses de edad mientras otro de un año aproximadamente intentaba darle de comer granos de arroz crudo de una bolsa rota que estaba tirada en el piso y había derramado su contenido.
A un lado de ellos, había otro pequeño de dos años con la ropa sucia y desgarrada que dormía aparentemente pero pude pensar que estaba desmayado o muy débil.
Mi corazón empezó a latir fuertemente y casi se me nubló la vista ante este cuadro… Busqué la puerta de la casucha que estaba cerrada y tenía una vetusta chapa y me retiré un poco para tomar impulso y de una sola patada pude derribar la puerta que se destrozó parcialmente ante el impacto.
Principie a tomar fotografías de lo que había dentro a través de la puerta que había quedado abierta de esta violenta manera al tiempo que gritaba que se acercara una enfermera pues había bebés en peligro.
Dos de ellas se aproximaron de inmediato… Ya no hubo quien las detuviera, pues se había comprobado la emergencia y confiaron en mi palabra.
Salieron con los primeros dos bebés, al tiempo que quitaban la suciedad de sus cuerpos con botellas de suero a manera de baño improvisado y los limpiaban con toallas limpias.
Ya había biberones preparados con leche y soluciones para alimentarlos e hidratarlos… Una de ellas tras dejar al bebe que llevaba en brazos dentro de la ambulancia regresó al interior por el otro mientras el médico los auscultaba uno a uno y entre tanto yo captaba con mi cámara fotografías de todo lo que ocurría.
«Tienen deshidratación y anemia avanzada» dijo el médico y procedieron a darles atención en la ambulancia que se puso en marcha de inmediato rumbo a un hospital.
Los policías me veían en silencio.
La verdad a mí no me importaba ser denunciado ante la agencia del Ministerio Público por un acto como este, y además era una gran noticia para mí, con fotografías exclusivas pues ningún otro periodista se hallaba en el lugar y los niños ya habían sido retirados.
Los policías observaban en silencio, lo que ocurría sin intervenir, hasta que los bebés fueron retirados por los socorristas a bordo de la ambulancia y entonces uno de ellos dijo: «Señor periodista, ¿quiere que lo llevemos de regreso a donde se encontraba usted?»
Le dije que sí, y ellos me llevaron de inmediato a la comandancia de Policía de Guadalupe donde me dejaron de nuevo y me dieron las gracias.
Yo me dirigí al periódico donde la información se publicó al otro día en primera plana y causó sorpresa entre los compañeros y los lectores.
Era algo inaudito… encontrar a tres bebés encerrados que habían permanecido varios días solos y lograron sobrevivir hasta que fueron los hechos denunciados por los vecinos y pudieron ser rescatados de la penosa situación en que se encontraban.
En mis años de periodista nunca había visto nada igual y la imagen del menor intentando alimentar a su pequeño hermano de meses con granos crudos de arroz, no podía olvidarla.
Fue una información muy fuerte que causó horror en la comunidad regiomontana cuando se supo la historia, pero para mí, era solamente una noticia más de las tragedias humanas que me tocaba presenciar a diario, solo que esta vez era estremecedora.
Transcurrió un día más… De nuevo solicitaron mi presencia en la policía de Apodaca y mandaron por mi para llevarme, pero esta ocasión no fue a la casucha, sino a las celdas de la policía municipal.
Horas antes habían arrestado a una mujer, pues se puso guardia en la casucha desde que los niños fueron rescatados y más de veinticuatro horas después arribó la mujer que resultó ser la madre de los bebés.
Querían que la entrevistara… Y eso hice y al ser conminada a que me platicara su versión de lo ocurrido, escuché su historia y justificación.
Era una madre soltera de aproximadamente 35 años, pues ella no estaba segura… no tenía marido, ni trabajo pues el padre de los bebés la había abandonado.
No tenía educación alguna, ni siquiera de primaria, no sabía leer ni escribir y para ganar algo de dinero decidió prostituirse, pero esto no lo podía hacer en Apodaca, así que conseguía algo de dinero para el pasaje y se dirigía al centro de la ciudad de Monterrey a buscar «Clientes» a quienes ofrecerles sus servicios de sexoservidora.
Podían pasar dos o tres días antes de que lograse juntar algo de dinero y regresar a su casa para comprar comida para sus hijos a los que optaba por dejar encerrados dentro de casa, según me dijo -para que no se metiera algún animal y se los lastimara.
Quedó detenida a disposición de la fiscalía por varios delitos: Abandono de infante, prostitución, y otras faltas al reglamento de policía.
Yo…me retiré en silencio, pues sabía que le esperaban varios años de cárcel y no podría recuperar nunca a sus hijos que fueron entregados al DIF y llevados a una casa cuna del gobierno.
¿Cuál es la causa de casos como este?… ¿Falta de educación, pobreza, miseria humana, ignorancia de la ley, carencia de sensibilidad y humanidad?… o simplemente; ¿Soledad, desesperación y hambre?… Aún hoy, sigo preguntándome eso…
comentarios: rmart57@gmail.com











