Por: El Visor
LA MALDICIÓN DEL QUINTO AÑO DE GOBIERNO
Samuel García se enfrenta a la maldición del quinto año de Gobierno, un periodo previo al cierre o declive de cada administración estatal, en la que los aciertos de su administración quedan en el olvido colectivo, y le salen a flote todos los errores cometidos.
Sus antecesores en el cargo, desde Alfonso Martínez Domínguez, pasando por Jorge Treviño, Natividad González Parás, Rodrigo Medina, el panista Fernando Canales Clariond y el expriista e independiente Jaime Rodríguez, el año previo a concluir sus sexenios, vivieron envueltos en la polémica y las confrontaciones, minando su capacidad de ejercer el poder para poder dar un cierre digno a sus sexenios.
Todos sin excepción, salieron cuestionados por la ciudadanía y el sector privado, criticados sus excesos, magnificados sus pecados y blanco de las venganzas políticas de las crisis que ellos mismos enfrentaron.
Acusaciones de corrupción, sobreendeudamiento de las finanzas gubernamentales, deficiencias en los servicios públicos estatales, suspensión o parálisis en la ejecución de obras públicas y grandes proyectos, además de programas sociales, violencia delincuencial imparable, aunado al malestar social fueron los sinos de esos gobiernos,
Con la excepción de Benjamín Clariond Reyes Retana que ocupó de manera interina la gubernatura por un año y cuatro meses, periodo en el cual tuvo que administrar un barco dejado a la deriva por la renuncia de sócrates Rizzo, la Maldición del Quinto Año no cobró su factura al inquilino del Palacio de Cantera.
Quien fuera primero diputado federal y después alcalde de Monterrey, bajo el padrinazgo de quien fuera presidente, Carlos Salinas de Gortari, Rizzo García vivió su maldición personal como gobernador en su cuarto año de administración.
Enemistado con Ernesto Zedillo, quien llegó a la gubernatura en 1994, el neolonés padeció la venganza presidencial por haber brindado en marzo de 1995 su respaldo a Salinas de Gortari durante su huelga de hambre en una vivienda de la colonia Solidaridad al norponiente de Monterrey.
Su frase “Los amigos no se cambian” fue el epíteto de la tumba política del gobernador que en el juego sucesorio, se inclinó por Manuel Camacho Solís en lugar de quien fuera secretario de Educación y después candidato del PRI tras el homicidio de Luis Donaldo Colosio.
Rizzo García dejó de recibir apoyos económicos del gobierno federal, la suspensión de creditos de la banca comercial por órdenes de la Secretaría de Hacienda e, incluso, fue investigado por la Secretaría de Gobernación y la Procuraduría General de la República por presuntamente financiera desde Nuevo León al EZLN.
Aunado a ese entorno hostil orquestado desde el centro del país, las movilizaciones sociales magisteriales y con un Congreso controlado por el PAN, derivó en su renuncia en marzo de 1996, apenas a seis meses de cumplir su quinto año de gobierno.
SIN TESORERO, SIN DINERO, SIN APOYO FEDERAL… LA PESADILLA PERFECTA
Son condiciones casi similares a las que vive hoy, Samuel García Sepúlveda, con una distancia de 30 años.
El mandatario emecista, quien anda de vacaciones en Corea del Sur y Japón, suma una serie de problemas que al no resolverlos con anterioridad ya afectan su gestión y pueden derivar en su salida anticipada del cargo.
El tema de la ausencia de un titular formal de la Secretaría de Finanzas y Tesorería General del Estado es una clave fundamental para este gobierno.
A tres meses de la destitución de Carlos Garza, la suplencia de Ulises Carlín en el cargo no ha servido de nada, ya que ni negoció un nuevo presupuesto con el Congreso del Estado, ahondando el déficit de recursos frescos para la administración, ha derivado en la suspensión de pagos a proveedores, entre ellos las empresas constructoras de las líneas del Metro, así como el pago de sueldos y salarios para miles de empleados estatales.
Al carecer del aval legal de la legislatura local para reconocer a Carlín como tesorero, el gobierno federal ha suspendido la transferencia de recursos a las arcas estatales, lo que le complica aun más el panorama a García Sepúlveda, quien ya no siente ni lo duro ni lo tupido de la paliza que por todos lados le aplican.
Corre fuerte el rumor en Palacio de Gobierno y los cafés de políticos, de que Garcia no llegará a presentar su quinto informe de gobierno porque deja antes el puesto.







