diciembre 9, 2025 5:18 pm
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EL CASO DEL CRIMINAL DE LA TELEFONICA

EL CASO DEL CRIMINAL DE LA TELEFONICA

Crónicas policiacas

Por: Rene Martínez  

A finales de los años setentas surgió un caso que provocaría noticia hasta la década de los ochentas. Un caso que estremeció a la sociedad regiomontana, pues estaba involucrada gente de cierto nivel de la sociedad y tuvo su origen precisamente en una de las colonias más citadas por la gente de la clase alta, en San Pedro, Garza García; específicamente en la colonia del Valle.

Nada que ver con sus habitantes, pero de hecho ahí se iniciaron los trágicos sucesos que dieron origen a una historia, que llenaron grandes espacios de la sección de nota roja de los periódicos durante mucho tiempo, pues tomó tiempo resolver el caso y aun despierta múltiples sospechas en varios sectores de la sociedad mientras que otros prefieren que ya no se hable más del asunto y que el caso quede en el olvido.

Como si se tratase de una novela, la historia no ocurrió en unos cuantos días, más bien tomo años su desarrollo y luego como todas las historias trágicas quedó en el olvido.

Logró saberse, luego de investigaciones tanto periodísticas como de la policía, que todo se inició en esa colonia, y digo periodísticas por que en aquellos años, los testigos de muchos hechos delictivos preferían, mejor hablar a las redacciones de los periódicos con los reporteros para relatar detalles de un hecho delictuoso, que con la policía.

Esto porque los noticieros televisivos destinados a la información, no tenían espacio destinado para la nota roja o noticia policiaca, se limitaban a ofrecer noticias de carácter social, local o de espectáculos, no difundían contenidos de noticias policiales por considerarlas contrarias a su programación de carácter familiar.

Esa información solo aparecía en los periódicos impresos.

Y en muchos casos lo publicado por los periodistas, daba píe a investigaciones de la policía, pues solían tener información que los investigadores no habían logrado recabar. La gente confiaba más en los periodistas, ya que si hablaban con la policía los hacían presentar una declaración formal ante la agencia del Ministerio Público o los involucraban en los casos que denunciaban de alguna forma.

El resultado de las investigaciones de este caso puso como origen una discoteca ubicada en la colonia Del Valle denominada «Sargento Pimienta» haciendo alusión a un álbum musical de grupo musical ingles denominado «Los Beatles» para resaltar el tenor de la música que allí predominaba, Rock en Ingles.

Los jóvenes de la clase alta se reunían ahí los fines de semana para disfrutar de un rato de esparcimiento y baile dando como resultado que los jóvenes de la colonia, ahí se reunían y también algunos estudiantes del ITESM.

Dos hermanas, estudiantes del ITESM originarias de Yucatán, decidieron ir al lugar a divertirse y en la discoteca conocieron a un joven con el que entablaron plática, pues  eran más o menos de la misma edad y hasta tomaron unas copas en su compañía y con él estuvieron conversando hasta que llegó la hora de cerrar el lugar y todos los muchachos que había en su interior tuvieron que salir.

El joven al ver que no tenían auto las hermanas y que habían llegado en un taxi al lugar, se ofreció a llevarlas en su auto hasta su domicilio, ya que era de madrugada, lo cual a las jóvenes les pareció más seguro y le aceptaron el ofrecimiento, por lo cual los tres a bordo del vehículo, conducido por el joven, emprendieron el regreso a la ciudad de Monterrey.

Y ahí fue donde ocurrió el crimen.

El hombre las condujo hacia la carretera nacional, hasta un oscuro paraje afuera de la ciudad y procedió bajo amenazas a atarlas en la parte del asiento trasero del carro.

Luego, tomó a una de ellas y la llevo afuera del auto para ultrajarla mientras, la hermana permanecía dentro del vehículo atada contemplando lo que ocurría.

Según se supo después por las declaraciones recabadas de ellas por la policía, el hombre no logró su cometido. No pudo ultrajarla. Y ante esta situación la hermana comenzó a burlarse del tipo ante lo cual procedió a atarla, para luego atacar a la que se burlaba, pero tampoco pudo viol4rl4.

Las dos, entonces empezaron a lanzarle burlas por su impotencia y esto motivó que el hombre se enfureciera, a tal punto que decidió ahorcar con las manos primero a una y luego a la otra, hasta que se dio cuenta que ya no respiraban y luego condujo los cuerpos a un tramo más solitario de la carretera nacional, donde hacían reparaciones y en una zanja aledaña arrojó a las dos jóvenes, para luego subir al auto y alejarse del sitio dejando los cuerpos abandonados, atados aun y ocultos dentro la zanja.

Regresó a la ciudad, pues al otro día tenía que presentarse a trabajar y no pensaba faltar a sus obligaciones laborales para que nadie tuviera alguna sospecha de lo que había hecho.

Sin embargo, ocurrió lo que menos esperaba. Una de las hermanas murió, la otra no, solo se había desmayado ante la falta de oxígeno provocada por el ahorcamiento, y algún tiempo después aun en horas de la madrugada, una de ellas recobró el conocimiento.

Aún atada de manos y pies, logro salir de la zanja y acercarse a la orilla de la carretera, donde pudo verla un automovilista quien la auxilió, al igual que a su hermana y solicitó: una ambulancia, con personal médico para que las atendieran, y la intervención de la policía.

Tan pronto ella declaro sobre lo ocurrido, se iniciaron las investigaciones en busca de la identidad y detención del autor del secuestro e intento de homicidio y violación de las jóvenes.

Uno de los investigadores de la policía, Héctor Villagra Caleti, centró su atención en el cable utilizado para atar de manos y pies a las hermanas y esto dio pie al esclarecimiento del caso, pues se trataba de un cordón coloreado de amarillo, y el detective pudo establecer que solo una empresa usaba este tipo de cordón y esa era la compañía telefónica Telmex, por lo cual el autor de los hechos tenía que laborar en esa empresa.

Discretamente se dirigió al departamento de personal de Telmex, para dialogar con el encargado de vigilar la puntualidad de los trabajadores y encontró que todos cumplían con su horario de trabajo menos uno, que tenía días que no se presentaba.

Obtuvo una fotografía del empleado y la afectada lo identificó de inmediato al ver la foto, se trataba de Edgar Contreras Martínez empleado de la compañía, pero ya había huido de la ciudad.

Villagra Caleti continuó investigando, hasta poder establecer que se hallaba en los Estados Unidos y se había refugiado en la ciudad de Los Ángeles en California.

El caso presentaba dificultades, pues los agentes mexicanos no podían operar en el extranjero. Aun así, ya con la fotografía del implicado, se dirigió a la frontera del lado mexicano y empezó a indagar en restaurantes, comercios, y lugares públicos, hasta que pudo establecer una serie de sitios que había frecuentado, pero del lado mexicano.

Comunicó lo ocurrido a los agentes de policía locales y solicitó su ayuda para la vigilancia y esperó, y repentinamente Edgar se apreció en uno de los lugares, por lo cual procedió de inmediato a realizar su captura y a regresar con el detenido a la ciudad de Monterrey para que enfrentara los cargos en su contra. 

El Juez lo encontró culpable de los delitos de homicidio y viol4ción, y fue sentenciado a veinte años de prisión e ingresó al penal.

Un año después, pues a mí no me tocó cubrir el crimen, acudí al penal a entrevistarlo, y al salir al corredor y ver que era un periodista el que lo buscaba, Edgar solamente dio la vuelta y regresó al interior de la penitenciaría sin proferir una palabra.

Intenté después entrevistar al psiquiatra, ya que se decía en las investigaciones que cuando estaba en la discoteca, alguien la dio una pastilla psicotrópica y esto pudo haber alterado su conducta.

Era el Psiquiatra Iván Mendiola, nombrado como tercero en discordia durante el juicio, para no tomar ni al psiquiatra de la defensa, ni al de la fiscalía; y yo quería obtener su opinión.

Cuando le hice las preguntas sobre el caso, su respuesta fue la de cualquier médico, al contestarme con otra pregunta; ¿Por qué ustedes los periodistas no dejan al muchacho en paz? En ese momento terminó la entrevista.

La sentencia emitida por el Juez fue de veinte años de prisión y no hubo apelación alguna por parte del abogado que defendía el caso.

Dos años después, conforme a la tradición judía de liberar un preso en Navidad, el entonces gobernador Alfonso Martínez Domínguez lo indultó y pudo recuperar su libertad y tener la cena de navidad con su familia.

Yo tenía muchas dudas en el caso. Nunca más supe que el gobernador hubiera, en esas fechas en años posteriores, indultado a otro reo.

La otra duda, ¿Indultar a un homicida comprobado y confeso?, era perdonar un crimen y además, la viol4ción.

Y Edgar Contreras Martínez recuperó su libertad, y se dice que se cambió el nombre para evitar el daño moral por los hechos que cometió. Eso escapaba a mi comprensión y a mi sentido de justicia.

Me parecía que fuerzas oscuras se habían movido en el caso. La muchacha sobreviviente, que era estudiante del ITESM, ya ni se encontraba en la ciudad, pues había regresado con sus padres a Mérida, así que nadie protestó a nombre de las víctimas, pues no tenían parientes en la ciudad y tal vez ni cuenta se dieron de ello.

Los periódicos nunca volvieron a mencionar el caso, que pasó a formar parte de los anales de la historia del crimen en Nuevo León

Significaba que el acto del gobernador, había cambiado la sentencia de veinte años fijada por un juez por una de dos años, y el asesino recuperó su libertad.

Después de recobrar su libertad, disfrutó de su vida con su familia hasta el pasado 2 de mayo de 2011, cuando murió víctima de un infarto a los 66 años de edad, mientras que ellas fueron juzgadas por la sociedad de esa época, como libertinas.