abril 20, 2026 7:10 pm
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EL AMOROSO CASO DE LA MUJER INCENDIARIA

EL AMOROSO CASO DE LA MUJER INCENDIARIA

Crónicas de un reportero policiaco

Por: Rene Martínez

Cuando perteneces, durante algún tiempo, a cualquiera de las brigadas que se dedican en cuerpo y alma a la atención de algún tipo de siniestro aprendes algo: que los accidentes viales pueden ocurrir a cualquier hora del día, tanto choques como atropellos forman parte de la situación urbana de las grandes ciudades, que los casos de personas lesionadas durante riñas aumentan los fines de semana y más los sábados por la noche, luego de los partidos de fútbol, por ejemplo y que los incendios no tienen hora ni  lugar, y que son mucho más esporádicos que otro tipo de percance.

Aún en ciudades grandes y altamente industrializadas como Monterrey y que padecen de la llamada «macrocefalia» es decir problemas originados por la sobrepoblación, es poco frecuente que se originen con frecuencia y que cada situación se trata de un caso aislado y diferente.

Esto lo saben los bomberos de cualquier municipio, a quienes tomó demasiado tiempo y estudio el comprender la naturaleza de cada uno de los tipos de incendios que pueden ser: domiciliarios, de tipo industrial, de pastizales; implicando que el fuego consuma diverso tipo de materiales en cada caso y haciendo diferente el tipo de trabajo que realiza, quien apaga las llamas en cada caso pues se emplean diferentes procedimientos y hasta materiales para extinguir las llamas.

Eso aprenden los bomberos, el cómo se hace para combatir las llamas en caso de los varios tipos de siniestros que deben combatir.

Por ejemplo, durante el mes de marzo, son frecuentes los reportes en pastizales, lotes baldíos llenos de maleza y zacatales a los lados de las carreteras.

¿Por qué? los vientos que se generan por el cambio natural de estación climática, los facilitan al convertir cualquier chispa que se genere en un potencial inicio de incendio.

Pero esto bien lo saben los encargados de extinguir los fuegos.

Durante el año de 1980, yo fui contratado como reportero de la sección policiaca de un periódico de la ciudad de Monterrey que entonces se hallaba instalado en el cruce de las calles Juárez y Colon denominado “Mas Noticias” que era matutino, pero tenía un periódico del mediodía enfocado a la nota de última hora, que no había alcanzado a ser procesada en la edición matutina.

Yo acudía a escribir a primera hora de la mañana, y el periódico aparecía impreso antes del mediodía, cuanto más temprano mejor.

Pero tenía un problema de operación, ya que mientras yo escribía las noticias, los sucesos continuaban ocurriendo en la ciudad y no tenía ni forma ni manera de hablar a las corporaciones de emergencia a ver lo que estaba pasando ya que estaba ocupado escribiendo.

El director editorial consciente de esto me llamó un día para presentarme a un aspirante a reportero de nota roja, muy joven, que además tenía un impedimento, pues tal vez en la infancia había sufrido de poliomielitis, y en las piernas llevaba aparatos de fierro para poder caminar.

Me explicó lo que ocurría, tal vez era la única manera de que ingresara a los medios, convirtiéndose en mi auxiliar, al hablar por teléfono a las corporaciones mientras yo escribía lo que había ocurrido durante la noche.

Pero primero, antes de asignarlo al puesto me preguntó lo que pensaba del asunto.

Antes de que le respondiera me dijo: “No lo queremos para jugar carreras, ni eventos de atletismo”

Claro que me dio risa el comentario del director y en efecto, yo no tenía ningún impedimento en permitirle que me asistiera para detectar las noticias de última hora.

Pronto nos hicimos amigos, y en tiempos libres pidió cubrir información de espectáculos, lo cual le concedieron, pero como los fotógrafos del periódico no querían acompañarlo a los eventos, yo mismo lo acompañaba a tomar fotografías de los artistas mientras hacía sus entrevistas.

Fue este joven quien recabo la información y se dio cuenta que en ciudad Guadalupe se estaban registrando hasta tres incendios por semana en lotes baldíos, botes de basura, casas abandonadas y sitios similares, pero en la calle principal del centro de la ciudad.

Eso era inusual y extraño. Lo cual hizo pensar a los elementos de bomberos que se trataba de incendios provocados por algún enfermo mental porque, de hecho, existen personas que padecen de esta enfermedad.

Lo que no saben es que, los años de cárcel que puede enfrentar un incendiario son más de diez, ya que además del delito de iniciar un fuego en una área pública, se le puede agregar el daño en propiedad ajena, por la destrucción ocasionada por las llamas en cualquier lugar, el de lesiones, hasta de cualquier vecino o de los miembros de las brigadas de bomberos que resultase herido, y hasta por comerciantes que hayan sufrido pérdidas en sus ventas durante el tiempo que se desató el fuego y pudieron ser apagadas las llamas.

El caso es que, los incendios seguían apareciendo cada dos o tres días por causas inexplicables hasta que, tras las sospechas de los bomberos, la policía inició investigaciones.

Pronto se percataron de que, a poca distancia de donde se detectaba el fuego, casi siempre entre los mirones, se hallaba una joven mujer.

A pesar de que se tratase de diferentes sitios, entre las personas que se acercaban a observar el fuego y las maniobras que se hacían para sofocarlo, ella siempre estaba entre los testigos.

Luego de algún tiempo, la mujer fue detenida y al ser interrogada por los oficiales, pronto quedó clara su situación, cuando ella declaró haber sido la novia de un bombero de ciudad Guadalupe, pero por alguna razón la relación amorosa no prosperó y tuvieron que terminarla.

Dejaron de verse, pero ella seguía enamorada del bombero, y la única manera que se le ocurrió de poder verlo de nuevo, aunque fuera de lejos era ocasionando incendios mientras que su exnovio se encontraba cumpliendo su trabajo.

¡Era ella la incendiaria!

El caso que me parecía sobresaliente no fue publicado por ningún otro medio de comunicación, solo nosotros teníamos la historia, que en verdad era conmovedora.

Con los meses, el nuevo asistente se convirtió en uno de los mejores periodistas que conocí durante toda mi carrera profesional y a quien le guardo una gran estima pues lo vi desarrollarse desde sus inicios en el medio.

Claro que, en ese entonces la dama responsable de iniciar los incendios fue detenida de inmediato y su caso procesado. Nunca antes había detectado una situación similar en las noticias de tragedias, ni he vuelto a saber de un caso así y aún hoy en día pienso que, debió tratarse de un intenso amor de ella, de esos que pueden sin temor alguno de calificarse como “muy fogosos”

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