EL CASO DEL TRAILERO REBELDE
CRÓNICAS DE UN REPORTERO POLICÍACO
Por: Rene Martínez
Ya pasaba de la medianoche cuando se recibió la petición de ayuda de un agente de tránsito a la central de radio.
Había sorprendido a un trailero en una infracción, y le marcó el alto, pero el chofer siguió manejando, el tractor sin carga, por las calles del centro de la ciudad.
Ante la negativa de detener la unidad de carga, el oficial de tránsito pidió que más patrullas se acercaran sospechando que el conductor se hallaba en estado inconveniente y rodearon al tractor de carga para inmovilizarlo y pedirle que bajara del vehículo.
Para sorpresa de los agentes de vialidad, el chofer no se inquietó al verse rodeado por los patrulleros, al contrario, procedió a poner los seguros internos de las puertas y a poner algo de música en el interior de la cabina al tiempo que ignoraba las señales que le hacían los oficiales.
Era una burla para los patrulleros de vialidad que ante esta situación y molestos, pues el reglamento de tránsito y vialidad marcaba que este tipo de vehículos no podían circular por las calles de la ciudad ya que por su peso se dañaba la cinta asfáltica, por una parte; y además, por su tamaño hacían imposible la visibilidad normal que debe tener un conductor de un auto normal.
Por eso se les considera vehículos que no deben de circular más que por las vías establecidas por los reglamentos, en carreteras federales y existen lugares para estacionarlos en los límites de la ciudad y evitar que causen problemas a otros automovilistas o sean factores que puedan ocasionar algún accidente.
El caso es que el chofer se negaba a bajar del tractor de carga y entregar su licencia y mostrar la papelería del vehículo conforme lo marca el reglamento de vialidad y trataba así de evitar la multa correspondiente.
Ante esta situación y para no perder más tiempo en el asunto y desperdiciar personal, fue solicitada una grúa especial para este tipo de vehículos y ordenaron que el vehículo fuera trasladado a los patios de la central de policía y tránsito para determinar la acción a seguir.
De esa manera, a media madrugada ingresó la grúa a los patios de la corporación y dejó el tractor al fondo del estacionamiento aun con el chofer que se negaba a abrir las puertas y salir de la cabina.
Luego procedieron a dar parte a la barandilla de la corporación del ingreso del vehículo y las condiciones en que se encontraba, así como la negativa del chofer a bajar de la unidad.
La grúa lo dejó en el patio y estacionaron dos patrullas al frente y al lado del tractor de carga para evitar que se retirara del sitio mientras informaban a sus superiores de lo ocurrido.
En la barandilla de admisión, tanto de vehículos como de personas detenidas, se hallaban dos oficiales nuevo ingreso y uno de ellos recibió el aviso de lo que ocurría.
El caso me pareció simpático, como una noticia diferente a las clásicas de detenidos o accidentes y procedí a salir al patio y tomar fotografías de la pesada unidad y del chofer que se negaba a salir del interior de la cabina tratando de evitar la correspondiente multa a la que se había hecho acreedor con su conducta.
Salí al patio para tomar fotografías y me encontraba en esa situación cuando uno de los oficiales nuevos salió de la barandilla para anotar las placas y las características del vehículo y elaborar el oficio de entrada al estacionamiento y las condiciones en que lo recibía en el estacionamiento.
Recuerdo que se llamaba Carlos y era muy bromista, pero en este caso, muy serio procedió a levantar el reporte y regresó a la barandilla ante lo cual yo pensé que seguiría con su trabajo.
Mi sorpresa fue mayor cuando lo vi salir con dirección a donde yo me encontraba por la puerta de barandilla que daba al patio, pero llevaba cargando una escopeta calibre 12 milímetros.
Yo retrocedí un poco de lugar para observar la acción.
El oficial nuevo, subió al escalón de la cabina para golpear varias veces el vidrio con la mano y llamar la atención del conductor.
Luego dio dos pasos para atrás y apuntó con la escopeta al interior de la cabina y realizo el movimiento necesario para subir un cartucho a la recámara y apuntó al chofer al tiempo que le gritaba: «Bájate ya».
El chofer asustado abrió la puerta lateral de la cabina y se bajó de inmediato entregándose a los oficiales para ser arrestado en el acto y conducido a celdas en calidad de detenido, mientras el juez calificador evaluaba la situación para elaborar la multa correspondiente.
Luego que lo condujeron detenido, pude ver al oficial de nombre Carlos muy sonriente regresar a barandilla con el arma y me entro la curiosidad y le pregunté directamente: Oye Carlos… ¿Le ibas a disparar?…
Su respuesta fue una sonora carcajada y una amplia sonrisa.
Me dijo: «Es un arma descompuesta, prácticamente de utilería, que está en un rincón del edificio casi como adorno, en espera de que se consigan piezas para su reparación».
Acto seguido me mostró que el arma no tenía en su interior cartucho alguno.
Luego con una sonrisa en su rostro agregó: «No se podía permitir que ese chofer durmiera en el patio encerrado en el tractor de carga. ¿No crees?”
A los dos nos dio risa el incidente, que se publicó por inusual en las páginas del periódico al día siguiente después supe que la nota había agradado mucho a los lectores.











