julio 11, 2026 6:18 pm
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VISIÓN EDITORIAL

LA ILUSIÓN DIGITAL

Por: Edilberto Cervantes Galván
Ex-Secretario de Educación en N.L.

En lo que se conoce como “economía digital” se identifican tres modelos: el chino, el norteamericano y el europeo.

En el modelo chino, el gobierno juega un papel central. En el norteamericano las empresas (propiedad de norteamericanos) imponen sus directrices, según sus necesidades. En el europeo, los gobiernos intentan regular la operación de los servicios, con disposiciones aplicables en todos los países de la Unión Europea, poniendo el énfasis en la protección de los derechos de los usuarios.

El resto del mundo juega un papel de mero seguidor de la propaganda y de los artificios mercantiles de las empresas digitales.

Hace unos días, al llegar Trump a una reunión del Grupo de los Siete, a celebrarse en Francia, el saludo que le dio al Presidente francés fue: no te atrevas a imponer multas o gravámenes a las empresas digitales norteamericanas, porque entonces yo impondré un arancel del 100 % a los vinos franceses. Aplicando Trump la verdadera teoría del comercio internacional.

En la “industria” digital, las empresas rastrean todos los movimientos de los usuarios; su capital (además de los dispositivos electrónicos), son los datos que acumulan y que después monetizan a través de publicidad selectiva.

El filósofo norteamericano Noam Chomsky calificó a la Inteligencia Artificial como el mayor robo de propiedad intelectual en la historia.

La propaganda de las empresas digitales se centra en convencer de que: “a todos nos conviene utilizar los dispositivos digitales” y sobre todo, la denominada Inteligencia Artificial. Hasta los padres con hijos bebés han encontrado que una Tablet o un celular son un excelente distractor que aquieta las energías de sus hijos: Bebés de pantalla.

Hacia las empresas, la propaganda se centra en que el uso de la tecnología digital reduce los tiempos de trabajo, al agilizar el procesamiento de información y acelerar la toma de decisiones.

Para el Secretario General de la CEPAL, la IA y la economía digital son la solución al problema del “estancamiento permanente” de las economías latinoamericanas y señala: “la IA y la economía digital pueden contribuir a aumentar la productividad, dinamizar la innovación, crear nuevos sectores económicos y ampliar acceso a servicios esenciales: educación, salud, protección social y servicios financieros y, además: también pueden generar nuevas oportunidades de empleo”. Hasta ahora, la inversión de las empresas latinoamericanas en tecnología digital es reducida.

En el primer cuatrimestre de 2026, México exportó 247 mil millones de dólares por conceptos asociados a servidores y equipos de cómputo (una categoría que hasta hace unos años aportaba muy poco). Este avance en la exportación de máquinas para procesar datos es por un efecto de ensamblaje, que tiene muy bajo valor agregado: esto es, en México se ensamblan las maquinas, pero no se producen las partes.

Son las empresas de servicios las que están utilizando soluciones digitales como una forma de ahorro de personal: las ventas a distancia, los trámites vía digital, el no uso de billetes. Un proceso que está dejando “fuera del mercado” a los adultos mayores y que aumenta los riesgos de fraudes y robos cibernéticos. Curiosamente, se eliminan empleos de atención personal al cliente, pero el mayor déficit de personal digital es el especializado en la llamada “ciberseguridad”. Los fraudes cibernéticos están a la orden del día. Se estima que en México se requieren 83 mil “especialistas” en ciberseguridad, actualmente sólo se tienen 6 mil.

El tamaño del mercado de ciberseguridad en América Latina alcanzó los 21,600 millones de USD en 2024 y se espera que crezca 6.80% durante 2025-2033 (menos de un uno por ciento por año).

¿Qué caso tiene digitalizar los servicios de los bancos y otras empresas financieras si no se puede garantizar seguridad en las operaciones?

Las denominadas “redes sociales” se ofrecieron como una manera efectiva e instantánea de compartir contenidos, renovar contactos personales, sin importar la distancia entre los emisores. Pero no pasaron de ser una ilusión: las plataformas se han convertido en medios de desinformación, acoso y polarización, ya que se estimulan contenidos extremos o falsos. Se trata de retener la atención, cada segundo cuenta: un pequeño grupo de “creadores” busca retener la atención del mayor número, lo cual se monetiza.

Las instituciones educativas en general y las universidades en particular se han convertido en un mercado de las tecnologías digitales. En la historia de la tecnología, cada nuevo dispositivo se traduce en una reducción de la participación de los seres humano en las actividades productivas: en la educación, la intención es reducir el rol del maestro/docente; se intenta convencer de que el proceso del aprendizaje es un proceso individual, que el alumno se puede desarrollar por sí mismo, sin necesidad de compartir ideas, dialogar con compañeros y maestros, o compartir experiencias. Se pretende olvidar que la educación es un proceso colectivo, cultural y de reflexión compartida.

En los Estados Unidos, los estudiantes universitarios empiezan a evitar las carreras “más expuestas a la Inteligencia Artificial”, Ante un rápido descenso del empleo entre los jóvenes desarrolladores de software y desempleo entre los recién graduados, los estudiantes se están alejando de carreras que antes gozaban de gran demanda. Según “un especialista” la matrícula en Informática y programación cayó un 10 por ciento en el año académico 2025-2026.

La Encíclica “sobre la custodia de la persona humana” del Papa León XIV, en la que se pronuncia sobre la inteligencia Artificial y los riesgos sociales que plantea, considera que se trata de un cambio de época: el poder ya no reside principalmente en los Estados, sino en actores privados y empresas transnacionales, las cuales son más difícil de discernir, gobernar y orientar hacia el bien común, abriendo la puerta a un régimen autoritario o corporativo invisible.

“La idolatría del lucro que sacrifica a los débiles, la uniformidad que aplana las diferencias, la pretensión de un lenguaje único capaz de traducirlo todo, incluso el misterio de la persona, en datos y rendimientos. Este es el riesgo de la deshumanización”

El Papa sugiere dos acciones inmediatas: primero, generar un código de ética sometido a criterios de justicia social compartida, “porque no sirve una IA más moral si esa moral la deciden unos pocos”. Y después, “desarmar a la IA”. Lo ideal es separar a la IA de la lógica de la competencia militar, económica y cognitiva, para así sustraerla de los monopolios e impedir que domine al ser humano.

El Papa advierte que la IA puede aumentar el poder, aún más, de quien ya lo tiene. Estos pequeños grupos de poderosos podrían orientar informaciones y consumos, condicionar procesos democráticos e incidir en las dinámicas económicas en beneficio propio.

Las restricciones al uso de dispositivos digitales y el acceso a las “redes” para adolescentes y niños es un movimiento que se está expandiendo en el Mundo. Son varios los gobiernos que han establecido restricciones “a la exposición a las pantallas de niños y adolescentes” al reconocer los riesgos y peligros que representan. El gobierno mexicano apenas empieza a formar opinión pública al respecto.

La Comisión Europea es el organismo más activo en definir y establecer límites a la manera de emplear las tecnologías digitales, lo que se plantea como “delimitar una soberanía tecnológica”. En esta, como en otras materias de importancia universal, la Organización de las Naciones Unidas no ha tomado una acción significativa. Una verdadera lástima.