Política a la mexicana. I/III
Por: Edilberto Cervantes Galván
Ex-Secretario de Educación en N.L.
El estudio de los procesos políticos ha sido abordado desde hace mucho tiempo.
Para la “cultura occidental” la experiencia en la Grecia Antigua es una referencia primordial: los ciudadanos atenienses ejercían el derecho al voto y a ser elegidos; aunque practicaban la esclavitud y sus esclavos no tenían ningún derecho ciudadano. Era una democracia excluyente.
En los últimos dos siglos la democracia se ha planteado como el mejor régimen de convivencia y de gobierno. Aunque en su evolución ha experimentado variantes y desviaciones que han llevado a regímenes autoritarios: el nazismo y el fascismo en la Europa de la primera mitad del siglo XX, o el régimen soviético en la segunda mitad.
Al desintegrarse la Unión Soviética, un académico norteamericano (Fukuyama) consideró que se había llegado a lo que denominó “el fin de la historia” y que, en adelante, la democracia liberal prevalecería en el Mundo. No obstante, el régimen comunista en China, o el gobierno unipersonal en Corea del Norte, sólo como ejemplos, se mantienen con formas de gobierno que no pueden calificarse como democracias liberales, además de otras expresiones autoritarias recientes en diversas partes del Mundo.
Regímenes políticos en África, en América Latina, en Medio Oriente y Asia, han transitado por formas de gobierno encabezados por dinastías hereditarias o por dirigentes que llegan al poder mediante cruentos golpes de estado. En la América Latina la democracia ha tenido desviaciones e interrupciones.
En México, desde el fin de la Revolución de 1910, los gobiernos han surgido de procesos electorales.
Siguiendo la experiencia europea se han conformado partidos políticos con inclinaciones diversas. Por décadas, prevaleció un régimen de partido (casi) único (PNR, PRM y PRI) con la presencia limitada y esporádica de diversas formaciones partidistas. Destaca el Partido Acción Nacional que se mantuvo, por décadas, como una “oposición leal” al régimen priísta.
Entre 1929 y 2000, México estuvo gobernado por un solo partido, en un sistema de “partido hegemónico” que derivó en periodos hacia prácticas autoritarias. En los procesos electorales eran frecuentes los señalamientos de conductas impropias e ilegales. Para el escritor Vargas Llosa el régimen mexicano era la “dictadura perfecta”.
El régimen partidista en México empezó a transformarse en los años noventa del siglo XX, en parte por las crisis económicas y por las desigualdades sociales. Se impulsaron reformas electorales: las formaciones de izquierda y de disidentes del PRI adquirieron presencia electoral; el PAN se inclinó hacia una alianza con el PRI, al coincidir con la política económica neoliberal del gobierno de Carlos Salinas.
Carlos Salinas planteó que los mexicanos deberíamos avanzar en la modernidad e incorporarnos al proceso de globalización. La política económica neoliberal se asentó con el Tratado de Libre Comercio que se firmó con los Estados Unidos y Canadá, vigente a partir de 1994.
La insurgencia de las comunidades indígenas de Chiapas y su Ejército Zapatista de Liberación Nacional, que coincidió con el inicio del TLCAN, mostró que la Nación mexicana experimentaba graves desigualdades sociales y que las comunidades originarias se encontraban en condiciones de olvido y bajo acoso.
El gobierno de Salinas llevó a cabo un acelerado proceso de privatización de lo que por décadas se había ido integrando como un amplio sector de empresas públicas. El argumento para privatizar fue el de que la administración de las empresas públicas era ineficiente y corrupta. Con la “privatización”, varios empresarios tuvieron las mejores facilidades para adquirir las empresas públicas – surgió una camada de hombres ricos con acceso a Los Pinos. Varios de los bancos privatizados al poco tiempo fueron adquiridos por capitales extranjeros.
La crisis del PRI
La sucesión del gobierno de Salinas se dio en medio de una crisis económica y política. El asesinato de políticos priístas -entre ellos el candidato a la Presidencia- hizo evidente la falta de cohesión al interior del partido y de la “clase” gobernante.
La segunda peor crisis económica del siglo xx en México —después de la de 1929— ocurrió en 1994-1995. A 30 años de distancia, el Centro de Estudios Espinosa Yglesias (ceey) y el Centro de Estudios Económicos (cee) de El Colegio de México.
En 1994, para salir del desastre económico, el gobierno de Zedillo recurrió al apoyo financiero directo del gobierno norteamericano; en una transacción que, se especuló, estuvo condicionada en términos políticos. En las elecciones del año 2000, el PAN resultó triunfador con Vicente Fox -un empresario, asociado a la empresa Coca Cola- gracias a una reforma del artículo 82 constitucional, vigente a partir del 31 de diciembre de 1999, que suprimió el requisito de que para ser presidente habría que ser hijo de padres (los dos) mexicanos por nacimiento.
El PAN en el gobierno amplió su presencia político electoral, desplazando al PRI en algunas entidades relevantes. Continuó con el impulso al régimen económico neo liberal: promovió la participación privada en el sector energético y apoyó la educación y la salud en el sector privado, mantuvo una política de “contención salarial” y el “sobre-concesionamiento” (privatización) del agua. Además de la guerra de Calderón contra el narco, el panismo presume su acción contra la pobreza con el “Seguro Popular”.
En el proceso electoral de 2006 se destacó la propaganda en contra del candidato de la izquierda (López Obrador) y la votación fue sumamente cerrada; con una ventaja mínima para el candidato del PAN. La diferencia oficial entre el primer y segundo lugar fue apenas del 0.56%. López Obrador y su coalición no reconocieron los resultados, alegando un fraude electoral generalizado e irregularidades graves en el proceso. El PRI se ubicó en el tercer lugar. Se trataba de una nueva correlación de fuerzas político-partidistas.









