junio 13, 2026 10:05 am
Home > EDITORIAL > UN CAFÈ BAJO EL PUENTE

UN CAFÈ BAJO EL PUENTE

UN CAFÉ BAJO EL PUENTE

CRÒNICAS DE UN REPORTERO POLICIACO

Por: Rene Martìnez

Era mucho antes de medianoche cuando me dirigía desde ciudad Guadalupe al centro de Monterrey, para luego ir a la Cruz Roja a iniciar la guardia hasta poco después de amanecer como se acostumbraba a hacer el turno nocturno, pero esta vez decidí iniciar de otra manera.

Así que me dirigí primero a la central de la policía estatal, llamada entonces en la década de los años ochenta: “Seguridad Pública del Estado”, para ver las novedades de las últimas horas.

Al terminar de revisar los datos que me interesaban que tomaba de los partes de barandilla, procedí a retirarme cuando me interceptaron dos policías para saludarme.

Uno de ellos me dijo: “Te invito un café”. Me pareció extraña la invitación y se la acepté mientras su compañero de patrulla sonreía.

Abordé la patrulla y en lugar de dirigirse a un restaurante de esos que abren las 24 horas, la patrulla se dirigió en dirección al paso a desnivel conocido como “El Ruve” lo que me pareció extraño.

Se detuvo junto a los rieles que cruzan por el sector, frente al barro conocido como “La coyotera”, en el lugar había una fogata y alrededor de ella varias personas.

La patrulla se detuvo junto a ellos, y todos, en el grupo de personas, saludaron tranquilamente a los dos policías.

Ellos se acercaron, y yo también, entonces los pude observar bien al aproximarme, a todos los conocía de vista y algunos hasta de nombre.

Era un grupo de homosexuales vestidos de mujer quienes estaban alrededor de la hoguera preparando café, me sobresalté un poco y me pude calmar cuando a mí me saludaron también muy tranquilamente.

A varios de ellos los había visto detenidos y les había tomado fotografías acusados o bien de escandalizar ebrios o de robo, o de lesiones.

Frecuentemente eran detenidos por la policía, a veces varias veces en un mes.

Eran rostros conocidos.

Siempre había pensado que los delincuentes que retrataba y entrevistaba como parte de mi trabajo sentían algún resentimiento contra mí, lo que de hecho ocurría, pero ellos no.

Veían el salir en el periódico constantemente exhibidos como delincuentes como parte de su vida, como algo muy natural.

Ofrecieron una taza de café a los policías y a mí también.

Por cortesía acepté la taza, muy desconcertado en ese momento y ellos charlaban de sus cosas, mientras los policías estaban muy serios tomando el café que les habían invitado.

Estuvimos unos minutos con ellos, luego regresamos a la patrulla para abordarla y cuando los dos policías estaban ya a bordo y yo emprendieron la marcha de la unidad y luego una sonora carcajada al ver mi expresión cuando nos retirábamos del lugar.

¿No lo esperabas verdad? me preguntó sonriendo uno de ellos, ¿no sabías del café de media madrugada? Preguntó el otro a lo que yo contesté: No.

A ellos le divertía mi cara de estupefacción, yo meditaba, me invitaron de su café sin hacer ningún reclamo, sabían muy bien quien era yo, uno de los periodistas que los entrevistaba cada vez que eran detenidos.

En mi mente formaba la imagen grabada para el recuerdo, hombres, vestidos de mujer de una forma grotesca que abandonaban los bares de “La coyotera” durante la madrugada para prepararse un café´.

Todos ellos sumidos en la perversión total y en el vicio ejerciendo la prostitución a diario, tal vez algunos enfermos.

Yo guardaba silencio. No podía olvidar el cuadro grotesco que formaba el grupo alrededor de la fogata era una noche fría.

Luego, supe que se reunían en el lugar cada noche a lo mismo, preparar café antes de seguir ejerciendo su oficio en los bares del barrio.

A bordo de la patrulla mientras nos alejábamos del lugar los policías reían por mi expresión, sabía que probablemente al cerrar el turno o mañana o cualquier día, volvería a ver a cada uno de ellos, pero en calidad de detenido.

Era inevitable, era la vida que habían elegido, pesaba que si esto ocurría volvería a levantar la cámara, tomar la foto y luego preguntar: ¿Por qué te detuvieron?

Porque esas eran las historias que escribía a diario. Solo que esta vez, los protagonistas de esas tragedias, tuvieron a bien invitarme un café y por un momento olvidarse de lo que yo era al igual de lo que ellos hacían para vivir.

Y conversar entre todos una situación que me parecía totalmente fuera de la realidad, un recuerdo totalmente bizarro, entre otras historias que vería esa noche de riñas de heridos, de accidentes, y que redactaba en forma de noticia al llegar al periódico.

Y en mi mente resumí el hecho en solo una frase: “Solo son cosas que ocurren durante la madrugada”.

El sonido de la sirena de la patrulla me volvió a la realidad bruscamente, el conductor imprimía velocidad al vehículo policial en que viajábamos y cuando me disponía a preguntarle a donde nos dirigíamos a toda prisa antes de escucharme solo dijo: Hay un incendio en el centro de la ciudad y vamos para allá para acordonar el área mientras trabajan los bomberos.

Lleve mi mano derecha al interior del maletín que portaba, saque la cámara y empecé a revisar que estuviera lista para tomar las fotografías del siniestro, con el flash bien empotrado y con buena carga pues era de noche al tiempo que me repetía: Espero lograr buenas fotos, esta es mi vida.

Y cuando quiera café, iré a cualquiera del centro de la ciudad menos al que preparan junto a las vías del tren, definitivamente.