abril 13, 2026 5:26 am
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EN LA OPINIÓN DE…

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POR: EL OBSERVADOR

MÉXICO REQUIERE UN TREN DE ALTA VELOCIDAD

Mientras países como Alemania, China y varias naciones europeas presumen redes extensas de trenes de alta velocidad, México sigue rezagado. Aquí se ha privilegiado el transporte aéreo, mucho más perjudicial para la contaminación que el ferrocarril y durante décadas las inversiones en trenes e infraestructura ferroviaria han enfrentado abandono, desinterés y proyectos inconclusos.

Sin embargo, el potencial es enorme. Las redes ferroviarias siguen siendo un recurso subutilizado, especialmente en rutas de alto flujo como la Ciudad de México–Monterrey, con posibilidad de extenderse hasta San Antonio, un trazo conocido desde hace años por su valor turístico y comercial. Para que esta ruta resulte realmente atractiva y funcional, se necesita que los traslados sean más rápidos, frecuentes y accesibles. Esto implica que el gobierno adopte medidas que generen condiciones de competencia justa frente a las aerolíneas.

El caso de España es un buen ejemplo. El trayecto Madrid–Barcelona en avión dura alrededor de 1 hora 15 minutos, pero se pierde tiempo en los desplazamientos al aeropuerto y en la espera previa al abordaje. En cambio, el tren de alta velocidad completa el recorrido en aproximadamente 2 horas y 30 minutos, con estaciones céntricas, procesos ágiles y un servicio cómodo y asequible. No hace falta llegar con una hora de anticipación ni someterse a filas interminables. Es eficiencia pura.

La ruta CDMX–MTY es uno de los corredores aéreos más transitados del país, y por eso mismo representa una oportunidad clara para impulsar un sistema de trenes de alta velocidad (300–350 km/h). Esto permitiría mejorar la conectividad, dinamizar economías regionales, reducir emisiones contaminantes y ofrecer un medio de transporte más seguro y eficiente que coches y aviones.

Por supuesto, lo bien hecho cuesta. Construir una red ferroviaria moderna requiere puentes, túneles, tecnología avanzada, estudios ambientales y una coordinación a largo plazo que trascienda sexenios. Pero si México aspira a un futuro más competitivo, sostenible y conectado, el tren de alta velocidad no es un lujo: es una necesidad impostergable.