junio 13, 2026 8:59 am
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EN LA OPINIÓN DE…

EN LA OPINIÓN DE…
POR: EL OBSERVADOR

SIN IDEOLOGÍA PARTIDISTA: UNA TENDENCIA CRECIENTE

Desde hace tiempo, la política en México parece un espectáculo donde todos actúan, pero nadie sabe realmente qué papel interpreta. El debate ideológico, antes columna vertebral de la vida pública, hoy es un personaje secundario… casi extra.

Si uno observa con cuidado, muchos políticos ya ni siquiera intentan fingir diferencias entre partidos: todos hablan igual, prometen lo mismo y, para efectos prácticos, podrían intercambiarse el gafete sin que nadie lo note.

La ideología, esa vieja herramienta para distinguir proyectos y valores ahora estorba. ¿Para qué cargar con convicciones cuando basta con un buen community manager y una sesión de fotos con botas nuevas?

En teoría, la ideología ayuda a construir un proyecto político coherente. En la práctica reciente, parece que eso es demasiado pedir. Total, ¿quién necesita principios cuando se puede gobernar con slogans y encuestas?

En una república democrática, la negociación entre distintas fuerzas es vital. Sin embargo, cuando quienes negocian ya no representan visiones distintas de la sociedad, sino solo intereses distintos, el resultado es una especie de trueque sin alma: “te cedo esto, tú me das aquello, y todos felices… menos la ciudadanía”.

Los políticos sin ideología suelen vender la idea de que no necesitan “grandes discursos”, porque lo suyo es resolver problemas concretos. Claro, los problemas concretos que les convienen, en los tiempos que les convienen y con la narrativa que mejor se vea en redes. En ese formato, la ideología se convierte en plastilina: se estira, se aplana o se guarda, según la coyuntura o el humor del día.

Pensar la política sin principios es pensar el poder sin frenos. Una receta perfecta para el desastre… o para el éxito personal, depende de a quién le pregunte usted.

Por eso no debe sorprendernos que algunos actores toquen puertas en distintos partidos buscando un espacio cómodo en las listas plurinominales, más interesados en obtener un sitio que en defender una visión del mundo. No traen una visión del país, pero eso sí, traen el currículum listo por si se ofrece una diputación plurinominal.

La política sin ideología no es neutral: es oportunismo. Y cuando el oportunismo se normaliza, la democracia se empobrece.