EL TÍPICO CASO DE LAS FRADERAS
Crónicas de un reportero policíaco
Por: Rene Martinez
Para abreviar en sus escritos de informes, la policía tiene sus propias palabras para definir hasta delincuentes, así es común hallar palabras como “fardera”, “boquetero”, “espadero” “paquero” y otros términos algunos provenientes de idiomas extranjeros y usados por las policías de otros países.
En el caso de las “farderas” constantemente aparecían mujeres detenidas por la entonces llamada Policía Judicial acusadas de robo de mercancías en las tiendas, ropa en su mayoría o perfumería y de estas detenciones se informaba a los periodistas.
Aunque no se publicaba el dato, era fácil identificar su manera de operar de las damas que perpetraban estos robos en las tiendas bajo la amplitud de sus faldas, llevaban una bolsa de tela entre las piernas y al acercarse a revisar una mercancía dentro de los establecimientos comerciales, con una mano daban un jalón hacia delante a la parte de la cintura de la falda y deslizaban la prenda robada por el lugar de tal manera que los objetos caían dentro de la bolsa para luego salir caminando de la tienda con los objetos hurtados dentro de la bolsa oculta por la amplia falda.
Sin embargo, a pesar de sus rápidos movimientos que ellas realizaban al comprobar que ningún empleado las estaba observando frecuentemente eran detenidas y conducidas a las celdas.
Lo simpático de esos casos es que la mayoría de ellas tenían su domicilio en la misma calle de la colonia Independencia o a poca distancia en el lugar, o sea que, Todas eran vecinas y se conocían entre ellas.
Operaban entre dos o tres al mismo tiempo y mientras una robaba las prendas las otras se situaban a los costados para poder tapar la visión de otras personas y que se pudiera cometer el robo que siempre era de prendas de ropa, pañales o artículos de cocina.
¿Cómo es que las detectaban en las tiendas entonces? Ellas no lo sabían, pero muchos de los espejos que estaban en los establecimientos comerciales en realidad eran espejos de un lado el que veían los clientes, pero de atrás del espejo una persona podía ver claramente a través del vidrio.
Y en la parte superior de las paredes de las tiendas estaba también otra pequeña línea de espejo que servía como mirilla a un largo pasillo por el cual circulaba el personal de seguridad y desde ahí se podían ver todos los espacios donde había mercancía en oferta.
Por eso siempre eran sorprendidas por el personal de vigilancia y al ser revisadas por mujeres policías les era encontrada la mercancía robada y se procedía a su detención.
Tras ser detenidas por los vigilantes, eran entregadas a las autoridades para que se iniciara el proceso en su contra y estos actos eran publicados por los diversos medios de comunicación para alertar a la población a cuidarse de los ladrones plenamente identificados.
La manera de operar de las farderas consistía en realizar robos pequeños a cada tienda y salir mientras otra de ellas juntaba lo robado en varios establecimientos para poder lograr un buen botín.
Se trataba en realidad de mujeres sencillas, que se habían acostumbrado a robar y cuando eran sorprendidas por los vigilantes y entregadas a la policía, ya habían aprendido su lección, no oponían resistencia y al poco tiempo podían recuperar su libertad mediante el pago de una fianza pues los montos de lo robado nunca eran cuantiosos cuando las sorprendían y muchas veces al devolver las prendas robadas los mismos encargados de las tiendas las ponían en libertad sin llamar a la policía.
Pero desde cuando, en favor de los “derechos humanos” de los detenidos, se impidió a los periodistas publicar las identidades o fotos de personas detenidas por la policía, muchos delincuentes se sintieron liberados al ver que sus rostros y nombres no salían publicados en los periódicos, ni otros medios informativos y de esta manera no podían ser identificados por guardias privados o sus posibles víctimas pues con esta medida podían seguir cometiendo delitos sin que la gente supiera su identidad, ni pudiese identificar sus rostros en la calle o los establecimientos comerciales.
Y las “farderas” dejaron de ser noticia cotidiana para los medios de comunicación y se convirtieron en un auténtico dolor de cabeza para los establecimientos comerciales.
Esto por la diferencia de que ahora, sus identidades ya no son divulgadas por los medios de comunicación y pueden, al igual que otros delincuentes, seguir operando sin que la gente conozca su identidad o su apariencia a pesar de que los detengan en flagrancia del delito.
Y los números de robos pasaron a formar parte de las estadísticas mensuales que las corporaciones policiales proporcionan a los periodistas, pero sin especificaciones.
Lo cual en realidad protege únicamente a los delincuentes para que sigan operando en el anonimato y perjudica al resto de la población que ya no tiene manera alguna de identificarlos, ni por sus rostros ni sus nombres, a pesar de que sean detenidos constantemente por la policía que ya no informa sobre sus capturas como hace décadas lo hacía y estas publicaciones servían a la gente de alguna manera de prevención ante la delincuencia organizada y los frecuentes autores de robos, asaltos, y hasta lesiones personas que han elegido vivir en el delito ante el silencio de los medios sobre sus actos, impuesto por la ley.
Por esa razón las farderas ya no aparecen en los medios de comunicación pues a raíz de estas medidas se puede solo mencionar el robo, no la identidad ni imagen de quienes los cometen, aunque lo hagan como manera de vivir.







