EL RARO CASO DE LA JUSTICIA CON LOS GITANOS
CRÓNICAS DE UN REPORTERO POLICÍACO
Por: Rene Martínez
Durante varias décadas trabajé en medios de la prensa escrita, como periodista encargado de «Nota Roja» como se le conoce en nuestro país a las noticias en relación a los actos violentos o ilegales, y que en otros países de habla castellana como España se denomina de «sucesos».
En todo ese tiempo, nunca vi detenido a un hombre gitano, ni mujer, a pesar de las malas ideas que tiene la población en general sobre ellos, a quienes se les achaca todo tipo de males y delitos, pero no me consta; nunca vi a uno detenido por las autoridades y además exhibido como parte de esa gente.
Ni siquiera durante años pensé en ello, pero es curioso que nunca sean llevados a la justicia acusados de algún delito.
Uno pudiera preguntarse ¿Por qué razón?
De acuerdo con nuestras leyes y la constitución, por el hecho de haber nacido dentro de los límites del territorio nacional, una persona es mexicana por naturaleza y por ende está sujeta a cumplir con las leyes, aunque desconozca las mismas.
El no conocerlas no lo excluye de ellas, o sea que, si no las conoce y las infringe, recibirá el castigo que ellas marcan para cada delito.
Sin embargo, en el caso de las comunidades gitanas, ellos se rigen por sus propias leyes a las que llaman: » Kriss Romaní o Romaniyá«, Y es un complejo sistema legal.
A diario acudía a las celdas, tanto de la policía Municipal como de la Estatal y Judicial para preguntar si había personas detenidas y el motivo por el que fueron sancionadas con la privación de su libertad.
Puestos tras las rejas, pero nunca, nunca en ese ir y venir cotidiano, me encontré detenida a una persona perteneciente a esa tribu y sus creencias, a un gitano.
Ni siquiera pensaba en eso.
Una mañana temprano, ya me encontraba terminando de redactar las notas recabadas durante la noche y, por la mañana, avisaron de la Policía Judicial del Estado que había una detención importante.
En auto de sitio (taxi), me dirigí hacia el lugar, pero no me presentaron a la persona detenida, en la subdirección me informaron que se trataba de un supuesto s3cu3strador el cual se hallaba armado con una pistola calibre .45 arma restringida por la ley solo para la milicia y las autoridades federales.
Además, portaba credenciales que lo identificaban como miembro de la Policía Judicial Federal y de la Secretaría de Gobernación.
Su captura se debió a que una población de Gitanos, asentada en las proximidades de la ciudad, lo denunció cuando intentaba llevarse a uno de los integrantes de la comunidad y al verse rodeado por la policía, se entregó voluntariamente al igual que el arma y las credenciales que portaba.
Me mostraron solo el arma que llevaba consigo y las credenciales que le incautaron, a todo lo cual tomé fotografías pues no me mostraban a la persona detenida, que estaban interrogando a puerta cerrada los agentes.
Lo identificaron con el nombre de Miguel Yancovich, según sus documentos; y procederían a ponerlo a disposición de las autoridades federales para que compareciera ante la fiscalía y explicara los hechos.
En el mismo auto de alquiler que me llevó a la jefatura de la Policía me regresé al periódico, pues aún tenía tiempo para insertar la nota en el periódico del mediodía que estaba por salir a la calle.
De hecho, llegué a tiempo al periódico y pude escribir la nota con las fotos que había tomado y toda la información llenó parte de la primera página pues al jefe de redacción le pareció importante e inusual.
Cuando los primeros ejemplares empezaron a salir de la rotativa, yo acostumbraba a tomar uno y regresar a mi escritorio para revisarlo y me encontraba en eso cuando sonó de nuevo el teléfono de la redacción y era a mí a quien buscaban de la policía.
Me llamaba el subdirector, quien tuvo la atención de avisarme que no publicara la información pues acababan de confirmar la identidad del detenido y efectivamente se trataba de un agente de la Policía Judicial Federal.
La cosa es que el periódico ya estaba en la calle, con la noticia y las fotografías publicadas en primera plana.
Así se lo informé al jefe policiaco.
El periódico matutino del día siguiente, omitió totalmente la información a petición de la policía. Pasaron décadas desde entonces, no hace mucho, en un documental filmado del canal Discovery Channel, mencionaron al hombre como quien se encargaba para la Secretaría de Gobernación y la Policía Judicial Federal de los casos en que era necesaria la captura y el procesamiento de un hombre gitano de alguna tribu de las establecidas en el País.
Porque muchos de ellos son de ascendencia europea y piden conservar su nacionalidad cuando se integran a las comunidades mexicanas.
Volví a escuchar el nombre de Miguel Yancovich. A quien gente de la comunidad de Monterrey había acusado de s3cu3stro de persona, cuando en realidad estaba cumplimentando una orden de aprehensión del gobierno.
Y de eso trataba precisamente el documental, de la naturaleza de las tribus gitanas en nuestro país y los acuerdos que hicieron con el gobierno mexicano cuando llegaron desde Europa, para asentarse en tierras mexicanas por el rechazo y repudio que sufrían en el viejo continente. Y México les abrió la puerta y desde entonces, varias tribus de gitanos conviven pacíficamente con los mexicanos, a salvo de cuando existe un delito y entran en vigor los acuerdos a que se sujetaron cuando entraron a nuestro país.
Esa era la causa de que, durante las décadas de mi desempeño como periodista, nunca pude ver a un gitano detenido por haber cometido un delito. Ellos mismos hacen su propia justicia dentro de sus comunidades de acuerdo con sus tradiciones.
O interviene alguien de las fuerzas especiales mexicanas para resolver la situación conforme a estos acuerdos internacionales. Y estas maniobras legales que honran estos tratados internacionales se ponen en movimiento cuando un gitano comete un delito.
Pero esto se hace en silencio, sin divulgar públicamente los hechos.
Por esa razón nunca los vi detenidos a esos hombres por autoridades mexicanas. Ellos mismos se ocupan de hacer justicia entre la gente de su raza, que habita dentro de los territorios de sus comunidades.








