julio 19, 2026 1:29 pm
Home > EDITORIAL > EL CASO DEL COMANDANTE QUE LIBERÓ A SU HIJO AGRESOR

EL CASO DEL COMANDANTE QUE LIBERÓ A SU HIJO AGRESOR

CRÓNICAS DE UN REPORTERO POLICÍACO

Por: Rene Martínez

Los grupos de reacción, para situaciones específicas, son comunes en todos los grupos de policía, sean: estatales, municipales o federales; es parte de la organización para enfrentar contingencias, en caso de disturbios de grupos de civiles, como peleas entre integrantes de pandillas rivales, manifestaciones masivas que se tornan violentas, auxilio en labores de rescate y hasta el combate de incendios forestales.

Un día, que no me agradó mucho, de estar comisionado a cubrir información en el centro del área metropolitana en Monterrey, fui encargado de acudir solo a ciudad Guadalupe.

Pronto pude darme cuenta de la razón, ya que tenía misma densidad de población que la capital del Estado de Nuevo León, mucha extensión territorial y muy pocos recursos económicos para el municipio.

Por lo tanto, eran muy pocas las patrullas en servicio y muy pocas las plazas de policía para cubrir las necesidades de la población, ochenta por turno, en promedio para cuidar a más de un millón de ciudadanos.

Menos de una docena de carros patrulla, muchos kilómetros para realizar su recorrido de vigilancia y muy poca dotación de servicio para cubrir el turno de doce horas asignado a cada policía.

Y en dicho municipio, también había un grupo de reacción que constaba de ocho elementos que se distribuían en tres patrullas.

Acudían solo a ciertas contingencias, el grupo que conocí en los años noventa era muy activo, y entre sus miembros recuerdo a un oficial de apellido Varela, a Mauro San Miguel, otro oficial de apellido Benavides a quien apodaban “El venado”.

El único problema que tenían era que, en caso de haber una detención de varias personas no había manera de trasladarlos en calidad de detenidos por la comisión de algún delito o falta administrativa pues no cabían en las patrullas, que eran jeeps de cuatro plazas, y en dos o tres de ellas viajaban los uniformados.

Había que detener al grupo, inmovilizarlo, y llamar a otra unidad para que los llevara a la central de policía y en esas condiciones laboraban.

Yo veía las dificultades que enfrentaban desde parar las patrullas en un lugar solitario por horas y esperar a ser llamados para acudir a un lugar, y no acabarse la dotación de gasolina, y poder tener movilidad todo el turno, hasta el participar a veces involuntariamente durante una revisión a incautar posibles sustancias prohibidas como mar1hu4na, ps1c0trópic0s o en3rvant3s, lo cual ocurría esporádicamente y ocasionaba una serie de problemas administrativos.

Situaciones como la intervención en el caso de la, entonces llamada, Policía Judicial Federal a quien competían los asuntos de dr0gas, ser interrogados por oficiales de otra corporación y hasta comparecer a declarar ante el Agente del Ministerio Público Federal en sus horas de descanso también para ser interrogados y tratados casi como delincuentes.

Las preguntas más frecuentes durante estos interrogatorios eran: ¿Y tú como sabías que era droga?, ¿Estas capacitado para detectar en3rvant3s?, ¿Eres adicto tú también oficial?

Por esa razón, eran muchos problemas administrativos el realizar un arresto por drogas para los policías municipales, pero durante la simple revisión corporal a un sospechoso frecuentemente detectaban armas de uso exclusivo del ejército o drogas.

Los policías que integraban el grupo de reacción, enfrentaban constantemente estas situaciones incómodas, a pesar de realizar correctamente su trabajo.

A veces los acompañaba un rato en su labor para captar imágenes del momento de algún arresto en el momento, en la calle, no como otros periodistas lo hacían que solo acudían al cuartel para tomar fotos de personas detenidas en casos sobresalientes, pero ya en celdas cuando ya habían sido detenidos.

Patrullaba con ellos. Así que pude verlos recibir andanadas de piedras al acudir a pacificar un pleito de pandillas, los pandilleros parecían unirse y juntos atacaban a pedradas a los policías.

Una noche, mientras entregaban un detenido en celdas se escucharon los gritos de una mujer provenientes de un baldío contiguo a la corporación y de entre los matorrales yo mismo, al igual que los policías, pude ver a una jovencita salir corriendo con las ropas desgarradas.

Tras de ella, los ahí presentes pudimos ver a un joven mayor de 20 años que la seguía a todo correr intentando alcanzarla.

Dos de los oficiales le dieron alcance al sujeto.

Lo trajeron caminando al patio de la corporación y quedó formalmente detenido, al revisarlo, entre la ropa interior llevaba un arete de mujer enganchado y presentaba aliento alcohólico.

Fue internado en celdas a disposición del Juez Calificador.

Hasta que llegó el cambio de turno y pudo hacer acto de presencia el primer comandante de policía, cuyo nombre no pondré aquí pues no viene al caso, y se enfureció.

Resultó que el detenido que intentó vi0l4r a la joven, era su propio hijo.

La furia del primer comandante fue contra los miembros del operativo por haber realizado la detención del muchacho y desde ese momento surgió un tremendo odio del Primer comandante contra los integrantes del grupo de reacción.

Utilizando su poder, ordenó que lo pusieran en libertad de inmediato, pero como yo había tomado fotografías quiso hablar conmigo; sus palabras fuero estas:

“No puede ser, es un buen estudiante, es muy religioso, no tiene antecedente alguno, lo detuvieron para incriminarlo y perjudicarme”

Tuve que hablar con el director de la policía que también me pedía explicaciones… ¿A mí?

Le dije que yo era testigo de los hechos que motivaron la detención del joven.

Y el director me preguntó: ¿Dónde está la víctima que lo acusa de violación?

¿Por qué los oficiales testigos no la trajeron a que pusiera su denuncia?… ¿Por qué no lo identificaron como hijo del primer comandante?

Ante esas preguntas, que hubieran tenido muchas respuestas, todos vimos lo ocurrido, no había oficiales femeninos disponibles para traerla, y es muy difícil convencer a una v1ct1ma de vi0l4ción a que enfrente todo el proceso legal y declare ella misma sobre lo ocurrido, y el hecho de que se alejó a toda prisa y los oficiales se centraron en detener al atacante de ella.

Y a pesar de las evidencias, y de los testigos de los hechos, el hijo del comandante fue puesto en libertad.

Yo solo meditaba: “Hay un vi0lad0r suelto en la calle y es protegido por un comandante de policía”

Tiempo después, el primer comandante presentó su renuncia en la corporación. No había ninguna acusación en su contra y contaba con un expediente de trabajo limpio. A mí me pareció que ya no pudo ejercer el cargo, pues su propia conciencia se lo impedía, máxime al saber que su propio hijo era un delincuente enfermo, y que esa enfermedad nunca se cura.

Mientras tanto los oficiales del grupo de reacción, pudieron continuar con su trabajo sin que el primer comandante los molestara más.