abril 1, 2026 8:29 pm
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CONOCE LA TRISTE HISTORIA DE DON CARLOS «EL CHAFA»

LA TIRSTE HISTORIA DE DON CARLOS “EL CHAFA”

CRONICAS DE UN REPORTERO POLICACO

Por Rene Martinez

Había terminado la preparatoria, aún no cumplía los 18 años. Fui a pagar en la Oficina de la UANL para poder ingresar a la Universidad y una vez hecho el pago regresé a la Plaza de Colegio Civil, a la refresquería «La Greca» donde nos reuníamos algunos amigos de la escuela.

Le compré una soda a Polo, el dueño de la cafetería estudiantil, y salí a la banqueta para tomarme el refresco y con la idea de no ocupar yo solo una de las pocas mesas que tenía el pequeño lugar de apenas unos cuatro por seis metros.

Ya en la banqueta, me senté en la base de la ventana exterior de la refresquería que daba a la plaza y pude ver a Ray, uno de los amigos míos y empezamos a charlar «Oye -me dijo- tu escribías en tu pueblo en un periódico según nos contabas una vez».

Le contesté afirmativamente, el periódico El Ciudadano de mi pueblo que tenía una sección juvenil y a donde me invitaron cuando tenía 15 años a colaborar. El afirmó que su papá era el subdirector de un periódico y que estaban buscando reporteros, por si me interesaba.

Tribuna de Monterrey, era el periódico y el año de 1977 que pronto se acabaría; y al otro día me presente a solicitar entrevista con el Director de nombre Oscar Espíno, quien me recibió amablemente y para mi sorpresa me dijo que sí, pero que me tomaría a prueba tres meses sin goce de sueldo, para ver cómo me desempeñaba, además estaban por abrir un periódico de mediodía y habría una plaza de reportero.

¿Cómo te sientes para cubrir nota roja? Me preguntó, recordé que una o dos veces faltó el reportero de policía del periódico de mi pueblo de apellido Funes y yo lo cubrí.

Es un decir que lo cubrí, pues solo iba por el parte policiaco a la delegación de policía y lo llevaba al periódico y un reportero de experiencia hacía las notas, ya para entonces el fotógrafo de policía había hecho su trabajo y estaban listas las fotos de los detenidos de importancia de la policía y uno que otro accidente.

Y al otro día empezó mi trabajo, a prueba, acompañar cada día a un reportero para conocer las fuentes informativas, Gobierno del Estado, Municipio, Iniciativa Privada, Universitarias, Federales, entre otras, pero nunca me mandaron a cubrir policía.

Poco a poco me di cuenta por qué. Durante la noche un fotógrafo iba a la Cruz Roja, y permanecía ahí para tomar gráficas de accidentes, incendios, heridos en riña y lo que fuera noticia, luego iba al cuartel de la policía a tomar los detenidos del día y regresaba al periódico a revelar sus fotos y al reportero le daba las fotos con los datos de cada caso.

El reportero en todo caso iba solamente al edificio de la entonces llamada Policía Judicial a entrevistar detenidos y en su caso a los jefes policiacos para luego regresar al periódico a escribir las notas.

No me pareció tan complicado, pero tuve que conseguir un trabajo de lavaplatos durante las noches para poder traer al otro día para los camiones y cumplir en el trabajo y así lo hice.

El día que empezó el periódico vespertino, que se llamaba La Tarde, fue mi primer día de cobertura policiaca y los primeros problemas.

Me asignaron como fotógrafo a quien solo identificare como Don Carlos quien iría a la Cruz Roja toda la noche a tomar fotos y luego a tomar los detenidos.

Cuando lo vi en los corrillos de la Policía Judicial me lanzó una mirada despectiva de arriba abajo, tomó las fotos y se fue mientras yo levantaba los datos de las últimas horas.

El fotógrafo traía un carro asignado por el periódico y se fue para no llevarme, lo cual no me importó pues regresé en camión.

Cuando llegué al periódico, empecé a escribir cada noticia mientras Don Carlos estaba en el laboratorio esperando que le revelaran e imprimieran las fotos de todo su turno.

Iba a mitad del trabajo cuando Don Carlos ese hombre de casi sesenta años todo calvo, y muy mal vestido se acercó al escritorio y prácticamente me arrojó alrededor de quince fotos en blanco y negro pero sin darme un solo dato.

Cuando le pedí que las identificara me contestó: «Usted es el reportero, se las sabe de todas todas, pues ahí están las fotos» y se fue.

Me dio risa. Eso lo tomé con calma, separé los detenidos de los accidentes y primero fui anotando los nombres de cada detenido atrás de la foto. Eran de diferentes edades y había platicado con cada uno de ellos sobre el delito que cometieron así que no tuve problema, la edad y mi memoria me auxiliaron.

Con los heridos de accidentes fue diferente, me comuniqué a la comandancia de la Cruz Roja y seguí el mismo procedimiento las edades y los accidentes, veía el lugar si dos coches estaban en el mismo crucero eran de un choque entre ellos.

No tuve problemas para obtener la información pues la comandante del turno de mañana Yolanda Nuncio fue muy amable al proporcionarme toda la información

¿Porque actuaba así Don Carlos?… Porque toda la vida quiso ser reportero, pero solo era ayudante de fotógrafo o sea carga cámaras, cuando se usaba la cámara Speed Grafic que era pesadísima y usaba placas y cada placa iba en un magazín que la cubría que era pesado y el fotógrafo tenía que cargar la cámara y un maletín con al menos veinte placas para poder hacer su trabajo más los focos que se usaban en lugar de flash electrónico y otros accesorios.

Fue ayudante de José Prieto Morales, gran fotógrafo del periódico El Norte muchos años y cuando se abrió el periódico vespertino vio su oportunidad.

Era muy grosero, le gustaba entrar a la estancia de los fotógrafos con un paquete de tacos recién hechos los arrojaba sobre el escritorio y a quienes estuvieran ahí les gritaba: ¡Para que traguen!

Tenía muchos problemas para hacer su trabajo ya que no dominaba la fotografía le apodaban «El Chafas»

Pero no sabía escribir a máquina, y esto lo resolvía de esta manera, del edificio de la policía pasaba a la casa de un reportero de edad llamado Maclovio que era corresponsal de la revista Alarma y era quien le escribía las notas del día.

Llegaba al periódico con las hojas en la mano de las noticias ya redactadas las entregaba al jefe y se iba al laboratorio a revelar.

Además de esto, no tenía planta en la empresa pagaban veinte pesos por cada foto que le publicaban.

Yo si iba a tener un trabajo de planta mediante contrato y un sueldo; ahorré, me compré una cámara porque tenía otro problema.

Don Carlos no sabía manejar bien la cámara fotográfica, solo había aprendido a poner el rollo y tomar la foto, pero de enfocar, ajustar la luz del día o la del flash, usar el diafragma y las velocidades de disparo de eso no sabía absolutamente nada.

Estuvimos trabajando así varios meses, casi un año. Hasta que llegó un nuevo jefe de redacción de nombre Javier Nava y vio lo que ocurría.

Entonces recibí la orden de que las fotos no me las entregaran a mí, se las diera Don Carlos al jefe. Yo vi todo desde el escritorio.

Lo vi con el montón de fotos en la mano y que se las entregó a Javier. De inmediato le pregunto: ¿Y los datos?

Don Carlos quiso hacer lo mismo diciendo: «usted debe saber».

El jefe tomó la pila de fotos y las arrojó al cesto de basura, para luego ordenarme; Nos vamos sin fotos y me indicó también; ¡Foto que no venga bien identificada con sus datos escritos al reverso NO ENTRA! No sale publicada.

Al otro día Don Carlos me entregó todas las fotos identificadas, de eso vivía. Luego, un año después me cambié a otro periódico y no lo volví a ver.

Aún recuerdo sus fotos borrosas o muy oscuras o muy claras, con malos ángulos, y hasta las fotos de una sola persona vibradas, borrosas y pienso que el director le daba oportunidad de hacer la lucha por lastima y por humanidad, pero a los sesenta años Don Carlos, No sabía trabajar.